Es con un gran placer que les
deseo a todos un muy próspero año nuevo. Me alegra estar de vuelta en el mundo
del blogueo después de un breve descanso – bueno, desconectado de las redes
sociales y todo ese mambo. No ha cambiado mucho el mundo que dejamos atrás desde
mi última entrada en el mes de diciembre pasado. El planeta no explotó
misteriosamente, no fuimos inundados por una serie de tsunamis, las placas
tectónicas no nos sacudieron como la samba del Carnaval de Rio, los robots que
armamos no se emanciparon de la explotación humana, los extraterrestres no
llegaron a almorzar filete de humanoide ni sufrimos una invasión de monos
feroces. ¿Por qué será que alimentamos esa obsesión compulsiva de imaginarnos
un fin del mundo? Por otro lado, parece ser que nos hemos vuelto más apáticos
con estos temas cuando comparamos con tiempos atrás.
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Claro amigo... se acabará el mundo en el 2222 |
Poco después de la fecha tope
que supuestamente nos impusieron los mayas – lo que realmente sucedió es que se
les acabó el espacio en su calendario – despedimos el año como siempre, reuniéndonos
para festejar como si realmente iba a ser el último día de nuestra vida. Para
muchos, es un momento para pasarlo rodeado de amigos que siempre están
presentes, sea en casa de alguien, en una discoteca o en un lugar icónico tal
como Times Square. La gente espera intercambiar un beso especial con alguna
persona al oír la primera campanada abriendo el nuevo año. Yo siempre he
preferido estar con mi familia como siempre lo hemos hecho, aunque parece que
el grupo va perdiendo números pero logrando conservar su calidad. La ceremonia
de clausura del año viejo sirve de manera para olvidar todo lo sucedido en el
capítulo que cerramos, borrando cada archivo no deseado del disco duro y volver
a tener una especie de carte blanche
para empezar una nueva vida. El problema con esta estrategia perfeccionada a lo
largo de varias generaciones es que cada problema fue culpa de otros o
circunstancias, lo cual nos obliga a repetir los mismos errores que intentamos
olvidar.
Es increíblemente conveniente
culpar a los demás en lugar de hacerse cargo de la realidad, ¿no les parece? Si
recordamos nuestras clases de historia en el colegio, aprendimos que muchos
gobiernos autoritarios y conflictos a grande escala se dieron exitosamente por adoptar
este modelo de doctrina. Errar es humano y
todos lo hacemos – ojo que esto no se aplica a Leo Messi: ¡Ese pibe es un
fenómeno! Bueno, así es como empieza el proceso del aprendizaje. Existen
algunos convencidos que nunca se equivocan y todos los que los rodean son una
bola de incompetentes. Lo malo de pensar de esta forma tan conveniente es que
tarde o temprano se enfrentaran a una cruel realidad y el resultado será
brutal. Perdonar es divino (la
segunda parte que completa el dicho) y esto no es simplemente una gran teoría.
Es un hecho importante que debe ser usado no sólo hacia los demás pero también
hacia uno mismo. Tal como dice el cura de mi parroquia, la caridad empieza con
uno mismo. Una vez que aceptamos este proceso y lo adaptamos a nuestra
programación, vamos creando un espacio indispensable para crecer. Hasta a las
grandes eminencias intelectuales les ha quedado algo por aprender en su camino
hacia la sabiduría.
Nuestras resoluciones son la
clave de cómo decidimos vivir nuestro año. Alguna gente le hecha la culpa
nuevamente a la vida por ese rumbo natural que lleva que a la vez contribuye a olvidar
nuestra misión que planeamos desde antes de la primera campanada y aplazan esa
tarea hasta el año siguiente para reformular otra carta magna. No hay nada malo,
en lo absoluto, de hacerse un mantra y rectificarlo al pasar por cada fecha
importante en el calendario para enriquecer la calidad de vida. Nuestra vida no
es producto de tragedias. Siempre tenemos una oportunidad para jugar y darle
forma a cada evento que enfrentamos y lo más importante es salir más fuertes
para seguir adelante. Si realmente lo deseamos, podemos hallar grandes fuentes
de inspiración rodeándonos, motivándonos a ver cada momento bajo una
perspectiva positiva. Claro que del dicho a lo hecho hay mucho trecho, pero
como dicen, lo similar se atrae. Si alguno de ustedes necesita un empujón para
cruzar ese puente, los invito a escuchar las palabras del gran amigo Fidel
Nadal que cree en ustedes. Positive
vibration!
Les deseo a todos un 2013 de oro
sólido, tal como la familia Bickford decidió bautizarlo durante nuestras
fiestas. Estamos enfrentando algunos problemas acá debidos a la crisis del
hockey profesional, una huelga totalmente inexplicable, pero si lo vemos por el
otro lado, es la mejor temporada que han tenido los Maple Leafs de Toronto – se
nota que el calibre de los chistes no ha mejorado mucho desde el 2012. Dentro
del poco tiempo que llevamos en este año, he tenido el gran placer de volverme
a encontrar con grandes amigos que se habían perdido entre el tiempo y el
espacio pero el destino nos volvió a unir. El futuro suele ser prometedor al
que tiene fe e invierte cada gran esfuerzo para alcanzar su objetivo final (o
también un nuevo inicio).
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