Este fin
de semana, es con un gran orgullo que comparto esta nueva entrada con ustedes
presentada por mi padre, David Bickford. Éstas son sus experiencias referente a
la crisis de los rehenes en la Embajada del Japón. Él fue Consejero
Político en la Embajada del Canadá en Lima, Perú, de 1995 hasta 1999. Disfruten
la lectura de “El Verano Sangriento” (Parte 1 de 4):
En
diciembre de 1996, muchos de entre nosotros estábamos convencidos de que el
terrorismo en Lima estaba de salida. Ataques a cuarteles de policía,
explosiones y coches bomba eran menos habituales y crímenes violentos parecían
ser el único elemento afectando la seguridad de nuestras familias. Por esto, el
terrorismo no figuraba entre mis prioridades la noche del 17 de diciembre,
cuando recibí una llamada telefónica informándome de que el Embajador y la Sra.
Vincent habían sido víctimas en la ocupación terrorista de la residencia
oficial del Japón. Al suceder esto, el coctel fue reconocido como el más largo
en nuestra historia humana o como los medios peruanos lo denominaron, “El
Verano Sangriento.”
Sin saber
realmente lo que estaba aconteciendo, siendo el número 2 en la Embajada, decidí
llamar a mis colegas y corrimos a la Embajada para abrir la oficina y un canal
de comunicación con Ottawa e intentar de conseguir información de lo ocurrido
en la residencia japonesa. Poco después era evidente que Tony y Lucie Vincent
habían sido capturados por una célula terrorista del MRTA junto con otros 600
funcionarios peruanos y extranjeros. Cerca de la medianoche, todas las mujeres
e invitados mayores fueron liberados, dejando cerca de 350 aún en captividad.
Aproximádamente a las 2:00 de la madrugada, recibí una llamada teléfonica de
Tony Vincent tranquilo y en control, notificándome lo que sucedía dentro de la
residencia. Él había pedido prestado el teléfono celular a uno de sus
compañeros secuestrados y hablamos mientras se escuchaban algunos ronquidos en
el fondo. Tony me informó que, además de él, habían otros tres canadienses
entre los rehenes. Con la vida de cuatro canadienses en riesgo, esto se
convirtió esencialmente en una crisis para la Embajada – todo lo demás fue
subornidado por la tarea de asegurar que los canadienses salieran sanos y
salvos. Ninguno de nosotros nosotros dormimos esa noche.
Al día siguiente
por la tarde, soltaron a Tony como parte de una comisión con el deber de
presentar las condiciones de los terroristas al Presidente Fujimori. Yo estaba
casi en frente de la residencia de los japoneses en ese momento y fue un enorme
alivio verlo salir, cansado y despeinado pero ileso. Durante las próximas 24
horas, Tony intentó a lo largo de varias ocasiones programar una reunión con
Fujimori, pero sus esfuerzos fueron en vano. En ese momento, Fujimori quería
diseñar e implementar una estrategia antes de recibir cualquier comunicado de
los terroristas.
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El Ministro Tudela rodeado por la MRTA |
Esa tarde
Tony me dijo que intentaría volver a entrar en la residencia japonesa para
informarles a los terroristas que no pudo completar su tarea pero que seguiría
intentando con mucho empeño. Nos llevábamos generalmente bien los dos, pero
esta vez discutimos. Yo le dije que no volviera a entrar – quién sabe si lo
dejarían salir nuevamente. Él insistía mientras que yo le dije que mandara un
reporte escrito con un representante de la Cruz Roja. Él rechazó esta
contrapropuesta y le pregunté por qué insistía tanto en volver a entrar.
“Porque les di mi palabra” me respondió . Nuevamente, argumenté que debíamos
lidear con terroristas impredecibles y que uno no estaba obligado a cumplir con
su palabra ante tal gente. Él siguió insistiendo y aunque yo no estaba de
acuerdo con lo que estaba haciendo, admiraba su valentía y convicción para
asegurar el bienestar de sus colegas y amigos. Lo vi entrar a la residencia con
una combinación de emociones: miedo y aprensión que no saldría vivo de allí; y
orgullo de que el servicio exterior canadiense haya producido tal persona. Creo
que no pude respirar tranquilamente hasta que volvió a salir unos 30 minutos
más tarde.
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