Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 22 de mayo de 2011

Nueva Zelanda - Los Bickford En El Fin Del Mundo

Nueva Zelanda fue el último tramo de nuestra aventura por la Polinesia. Después de otro vuelo eterno - esta vez cruzando la línea de fecha internacional - un amable agente de aduanas nos dio la bienvenida en el Aeropuerto Internacional de Auckland. Nos encantó este funcionario público con su comportamiento acogedor, similar al que sentíamos al llegar al aeropuerto Pearson en Toronto a principios de los años 1990. Nuestros homólogos canadienses en la actualidad se han distanciado de este tipo de actitud, prefiriendo a su manera adoptar un comportamiento agresivo y sospechoso en cuanto a los canadienses que vuelven a su país. Después de haber sellado el pasaporte, nos acercamos al mostrador de alquiler de autos, nuevamente obteniendo un servicio rápido, amigable y sin menor problema. Poco después ya estábamos en el estacionamiento frente a nuestro auto el que nos acompañaría a lo largo de nuestra estadía. Fieles a nuestras experiencias pasadas, procedimos a poner nuestros efectos personales en el auto para instalarnos en nuestros puestos de siempre. Mi madre y yo, nos sentamos en los asientos de atrás mientras que mi padre y Brian, adelante como de costumbre. Mi papá se dio cuenta que tenía la guantera por delante y mi hermano tenía el volante que lo retaba con su mirada desafiante. Empezamos a reirnos al darnos cuenta que nuestros nuevos amigos Kiwi habían adoptado los reglamentos y configuración británicos para conducir. Pocos países en el mundo decidieron conformarse con esa tendencia y fue la primera vez que tuvimos una experiencia así en cuanto a este sistema. Mi padre se puso al mando del vehículo, esta vez a la derecha, maniobrando para salir del estacionamiento con rumbo a la ciudad. Antes de encontrarse con el tráfico de la autopista nos advertieron por una bocina acompañada de una voz parecida al personaje Mick Dundee avisándonos "¡Están en el lado equivocado de la vía, amigos!" Mi padre calculó de nuevo su próxima maniobra mientras que el resto del equipo intentó de que el corazón volviera a su lugar después de haberlo sentido en la boca, esta vez siguiendo el flujo del tráfico.

Maman, Brian y yo en el Zoológico de Auckland

Nuestro primer día en Auckland lo dedicamos principalmente a adaptarnos al nuevo horario, evitando así un desajuste con el ritmo de vida en el país. Nos reportamos al hotel, el cual estaba situado cerca del centro financiero de la ciudad. Auckland es el centro de la economía del país y su urbanización representa un tercio de la población. También sirve de hogar a la concentración más grande de Polinesios, conocidos como los Māori, siendo 20,000 de los 1.3 millones de habitantes. La vida en el área metropolitana parecía llevar un ritmo fluido por las calles limpias y tranquilas, sobre todo comparando ésta con las otras ciudades donde tuve la oportunidad de vivir. Esto fue particularmente útil para nosotros ya que queríamos aprovechar nuestro tiempo al máximo. Varios letreros nombraban puntos de interés en la ciudad en inglés y Māori. El gobierno de Nueva Zelanda aprobó legislaciones protegiendo la cultura e idioma del grupo autóctono a mediados de 1980 para preservar la riqueza histórica del pueblo. Llegamos a la Bahía Hobson por la tarde, al Este del centro, listos para visitar Kelly Tarlton's Underwater World, un acuario con el nombre del famoso explorador marítimo Kiwi. Está ubicado a la orilla del mar y al entrar, uno desciende bajo el nivel del mar por unas escaleras eléctricas. Al encontrarse en los niveles inferiores, lo único que separa al visitante del mar es un sistema de domos y tubos de vidrio. La gente se mueve por el acuario de pié en tapetes automáticos, lo cual permite recorrer los tubos sin necesidad de caminar y al mismo tiempo poder admirar los animales nadando alrededor. No existen lugares donde uno pueda pararse para ver algo en particular, pero si uno desea volver a ver la vida marítima puede hacer el recorrido de nuevo todas las veces que desee. Nosotros lo hicimos unas tres veces pues habíamos quedado impresionados con esa experiencia.

Auckland estaba compuesta de una mezcla de edificios colonias tales como, la antigua sede del gobierno cerca de la Universidad de Auckland y torres de oficina diseñadas con una arquitectura moderna. Muchas de estas imagenes como ciudad compartían similitudes con grandes centros urbanos de norteamérica, manteniendo poco de las estructuras antiguas, reflejando una ruptura con su pasado aborigen dando camino al deseo cada vez mayor de habitar una casa en los suburbios. Hasta en algunos casos, ciertos edificios históricos los tiran para crear espacio para el futuro. El Victoria Park Flea Market era un edificio con una fachada clásica por fuera, pero por dentro, parecía un centro comercial moderno común. Este maravilloso lugar contaba con diversos artículos para llevarse de recuerdo que no se podían encontrar en ninguna otra parte del país. Entre mis recuerdos favoritos mientras paseábamos por los almacenes, era una tienda donde vendían cantidades de cosas divertidas. Una de ellas era una camiseta mostrando una caricatura de una oveja, sonriendo pero a su vez dando la espalda a su admirador, mientras un chorro amarillo llenaba una botella. La leyenda dictaba lo siguiente: "Cerveza Australiana." Me imaginé por esta descripción cómica que existía una cierta rivalidad entre los Kiwis y los Aussies. Compramos unas camisetas más discretas de color azul oscuro, con "Nueva Zelanda" escrito en letras grandes rojas y debajo de esto, la bandera nacional. Siguiendo el protocolo diplomático, habíamos optado por esta opción para no meternos en un conflicto en el que no teníamos nada que ver. Esta tienda también contaba con llaveros, figuritas, borradores, todos con el emblema nacional, el pájaro Kiwi. Éste es el símbolo con el que se identifican ellos, así como los canadienses lo hacemos con el castor, los americanos el águila calva o bien, los pueblos andinos con el cóndor. Hasta los restaurantes de MacDonald's en el país agregaban un pequeño Kiwi amarillo bajo los arcos dorados para darle a la franquicia un aspecto nacional. El menú incluía el KiwiBurger con la clásica hamburguesa de carne, huevo, remolacha, tomate, lechuga, queso, cebolla, salsa de tomate y mostaza como ingredientes dentro del pan. Esta combinación no nos convenció lo suficiente como para querer probarla.

La tarde la pasamos de vuelta en el hotel. Como parte de la cultura tradicional, se organiza una orientación para acoger los visitantes y la administración del hotel siguió fiel a esa costumbre. Nos invitaron a una cena en grupo dentro de una sala de conferencias. Nos recibió un empleado encargado de hacer una introducción, ante un carnaval de culturas, armado únicamente de un micrófono y un buen sentido del humor. Esta persona explicó brevemente sus obligaciones con la compañía y dedicó el resto de su monólogo a impartir sus conocimientos de las costumbres, tradiciones e historia local. Mi familia y yo, nos dimos cuento de muchos aspectos europeos - especialmente ingleses - por toda la ciudad pero poco relacionado con la cultura aborigen. Mientras escuchábamos respetuosamente nuestro orador y la mayoría de nosotros empezamos a probar el postre, continuó presentando el espectáculo de la noche: un grupo de hombres y mujeres Māori que llevaban la vestimenta tradicional y tatuajes tribales por todo el cuerpo. Iban a mostrarnos sus bailes incluyendo el reconocido haka (ha significando fuego y ka aliento). Esta rutina contiene movimientos bruscos, pisoteando el suelo con gran fuerza y gritos tribales. Algunos dicen que el haka fue inventado para crear una unidad entre los guerreros Māori en el campo de batalla e intimidar a los rivales. Es común ver expresiones en la cara como ojos abiertos en grande y la lengua por fuera lo más que se pueda. Parte de la explicación proponía que los guerreros harían sentir a sus rivales que si perdían, se los iban a comer vivos. Recuerdo que uno de los presentadores mencionó en su acento particular: "Para nosotros, el hombre más feo es el más buen mozo." Esta persona tiene el privilegio de potencialmente ser el guerrero más temido y en torno el miembro más respetado de la tribu. Hay variaciones de estos bailes tradicionales adaptados con el fin de acoger a los invitados, el verano, el invierno y también durante competencias en las que el equipo de All Blacks Rugby participan. Terminaron el espectáculo preguntando a los miembros del público si alguien estaba cumpliendo años. Poco después, nos anunciaron que iban a cantar la canción típica para este momento especial y empezaron a cantar exactamente la misma canción que todos usan en culturas inglesas. El famoso "Happy birthday to you." Todos respondimos a esto riéndonos del buen chiste. 

En One Tree Hill, Parados Sobre El Hombro Del Gigante

Los demás días que pasamos en Auckland nos permitieron pararnos en la cima de One Tree Hill, un lugar perfecto para disfrutar de una vista panorámica espectacular de la ciudad y sus dos muelles. Este monte sirvió como punto estratégico para los Māori donde construyeron un fuerte ( en el idioma aborigen) donde podían defenderse de ataques piratas y controlar la vía de comercio entre el oriente y poniente. Durante varios años, el monte vestía únicamente un árbol en el punto más elevado el cual fue considerado por la comunidad pre-europea como sagrado. Este árbol se dio con un final trágico en manos de un colonizador inglés quién lo tumbó. Algunos dicen que este acto fue hecho con la intención de vandalismo, pero otros lo defienden diciendo que simplemente estaba buscando leña para calentar su hogar. Independientemente, este árbol fue remplazado por un obelisco donde quedó enterrado Sir John Logan Campbell, conocido como el padre de Auckland. Éste simboliza su admiración por el pueblo indígena, lo cual explica la estatua del guerrero Māori en bronce que mantiene la guardia sobre el monumento y la tumba. Lo terminaron en 1940 para conmemorar el centenario de la firma del Tratado de Waitangi. Representantes de la corona británica y los jefes de los Māori llegaron a un acuerdo estableciendo un gobernador británico, reconociendo la pertenencia de los terrenos Māori y la extensión de derechos que gozaban los súbditos británicos. El monumento fue inaugurado oficialmente en 1948, pues el gobierno respetó la tradición de los autóctonos de no organizar festejos durante épocas de guerra. La presencia de los nativos en el área metropolitana era mínima, reducida a nombres de barrios, mostrando así la dominación cultural británica y europea. Estábamos convencidos de salir de la ciudad en los días siguientes en busca del pasado de las tribus y sus asentamientos en la isla del Norte.

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