Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 29 de mayo de 2011

Nueva Zelanda - Más allá de Auckland

Fuera de Auckland, el paisaje tenía un parecido con mi provincia de Ontario. Mientras observaba el mundo por la ventanilla del auto, la autopista me hacía pensar en el trayecto Ottawa - Toronto de la carretera 401. Las únicas distracciones eran árboles, pasto y muy de vez en cuando, alguna casa en el campo. La naturaleza nos rodeaba como incansable acompañante de la ruta, en un camino donde hasta el tráfico vial era poco común. Finalmente tuvimos un día soleado que recibimos con agradecimiento después de la abundante llovizna que soportamos a lo largo del viaje. El clima no era muy distinto al de Santiago en esa época del año, lo cual nos permitía vestir camisetas durante el día. Me impresionaba no ver áreas de descanso en ese tramo del viaje. Las gasolineras estaban ubicadas en los pueblos que pasábamos, a cierta distancia de la autopista principal. Muchos de esos pueblos tenían nombres autóctonos pero ocasionalmente veía algunos letreros que me recordaban étapas de la vidas  en Ontario, por ejemplo Hamilton y Cambridge. ¿Pero cuántos Hamilton, Cambridge o Kingston existen en países de habla inglesa? Supongo que los colonizadores empezaron con esta idea para sentirse más en casa. Después de todo, era un viaje increíblemente largo volver a Gran Bretaña desde el fin del mundo. A pocos minutos al sur de Cambridge, Nueva Zelanda, nos acercamos a nuestro primer destino: Las Cuevas de los Gusanos luminosos de Waitomo.

Los gusanos luminosos dentro de su hábitat

Fueron tan sólo dos horas y media para llegar a Waitomo. Este lugar era un impresionante paraíso natural. La entrada a las cuevas se encontraba en la cima de una colina donde se había construido un centro de  visitantes. La tarifa para entrar incluía un guía, un detalle obligatorio para todos. La administración del parque necesitaba controlar el número de personas que entraba a las cuevas con el fin de proteger las condiciones ambientales internas. La gente exhala dióxido de carbono y como no hay plantas para transformar este gas en oxígeno, una gran cantidad de personas pueden poner en peligro el habitat de las criaturas que residen en la oscuridad. El paseo comienza por un descenso, entrando en un sistema de cuevas de piedra caliza formadas en un lapso de 30 millones de años. La piedra constaba de corrales fósiles, conchas marinas, esqueletos de peces y otros organismos marinos. Estalactitas y estalagmitas nacieron del proceso del agua goteando por el plafón de las cuevas y el flujo del agua dejando depósitos. Estas decoraciones toman millones de años para formarse y demuestran un brillo precioso cuando entran en contacto con iluminaciones artificiales. Esta parte llevaba el nombre de La Catedral. Para la siguiente parte del paseo, debíamos montarnos en un barco pequeño. Mientras estábamos formándonos en fila, el guía nos explicó que todos debíamos permanecer en silencio absoluto y estaba prohibido tomar fotos. Íbamos a ver los gusanos luminosos y cualquier ruido o luz de flash, podría asustarlos, al punto que podían morir. Recuerdo a mi padre diciéndonos a Brian y a mí: "Me pregunto lo que sucedería si alguien se tira un gas." Después de aquel comentario de mi padre, mi hermano y yo, sentimos extremadamente complicado obecer a la orden de mantener silencio, pero lo logramos. ¡Los gusanos eran increíbles! Parecían imitar luces de todos colores iluminando toda la cueva.

Al terminar la visita, seguimos en dirección al este, hacia el pueblo de Rotorua, en Bay of Plenty. La región empezó una metamorfosis convirtiéndose en un destino para Spa a principios de los años 1880, atrayendo visitantes de todas partes de la isla. Este asentamiento representa el corazón de la isla del norte, haciéndolo accesible a todo Neozelandés sea de Auckland, Hamilton o Wellington. La industria del turismo sigue siendo una gran fuente de empleo en el distrito, acogiendo visitantes de todas partes del mundo interesados en la actividad geotérmica, particularmente la cantidad de géiseres y piscinas de barro caliente burbujeante. Los visitantes pueden meter las piernas solamente en piscinas aprobadas donde el cuerpo humano puede tolerar la temperatura. El agua puede llegar a unas temperaturas absurdas pues se calienta por el magma que se encuentra bajo tierra. Los géiseres son aguas termales conocidas por sus explosiones intermitentes donde el agua alcanza varios metros de altura, seguidos poco después de una nube de vapor. Estos nacen debido a condiciones hidrogeológicas específicas explicando la rareza de este fenómeno natural de nuestro hermoso planeta. Generalmente, los géiseres se forman cerca de zonas volcánicas con tendencia a terremotos violentos. Se puede visitar el sitio web http://www.geonet.org.nz/ donde se puede ver la actividad sísmica actualizada al instante para notar la frecuencia de terremotos y temblores en Nueva Zelanda. Gran parte de la región vive invadida de un olor desagradable pero a su vez conocido como azufre - muy parecido al olor de huevos podridos - lo cual ocasionó que se conociera la ciudad por apodos tales como la Ciudad del Azufre o Rotten-Rua.

Whakarewarewa es una zona protegida dentro de la ciudad de Rotorua en la Zona Volcánica de Taupo en Nueva Zelanda. Restos de una fortaleza Maori permanecen de la era cuando fue ocupada en 1300. La definición de este nombre aborigen significa, el lugar de encuentro para los grupos de guerra de Wahiao. Los Maori se instalaron en este fuerte durante varios años, y nunca lo perdieron aún en tiempos de batalla. Se retiraban pacíficamente a buscar oportunidades de trabajo en centros urbanos del país. Ellos dominaron con maestría la actividad geotermal en el valle, usándola como medio para calentar sus hogares y cocinar sus comidas. El Géiser Pohutu dentro del asentamiento significa explosión y puede llegar a una altura de 30 metros. El parque contiene cientos de piscinas de barro caliente y poco menos de 10 géiseres en actividad. Estructuras arquitectónicas del pueblo se ven limitadas a un portón tradicional, con la parte superior en forma triangular llevando a una casa larga. Este edificio asumía el papel como centro comunitario o asamblea del gobierno local donde la gente se encontraba para participar en los eventos importantes para su tribu. En esa época del año, no había ningún espectáculo o aborigen con vestimenta tradicional, quizás porque no era temporada alta de turismo. Estábamos algo decepcionados al no encontrar nada por el estilo pues pensábamos que Whakarewarewa brindaría algunas demostraciones de tradiciones antiguas u oportunidades para aprender algo más sobre la orgullosa herencia de los nativos. De igual manera, no desaprovechamos ni un momento la belleza natural de la isla del norte dejándonos con ganas de conocer Wellington y la isla del sur. Desafortunadamente, ese deseo tuvo que quedarse pendiente hasta que se organizara algún viaje en el futuro pues ya se aproximaba la hora de partir de Nueva Zelanda y volver a la vida normal junto con nuestras rutinas de siempre.

Maman, Brian y yo en la entrada de Whakarewarewa

Las relaciones entre los colonizadores europeos y los grupos Māori pasaron por algunos altibajos. Como mencioné en mi publicación anterior, fue apenas desde el siglo 20 que se generó una mayor conciencia formando una identidad común de los Māori. Anterior a esto, su identidad y cultura sufrieron de una negligencia en la vida diaria del país. Los grupos aborígenes lucharon para involucrar al gobierno federal dentro de un marco legal con el fin de proteger e incrementar su importancia dentro de la sociedad de Nueva Zelanda. Sus esfuerzos fueron tan exitosos que lograron incorparse a la imagen nacional. Sus pueblos ancestrales empezaron una migración hacia pueblos rurales y centros urbanos después de la Segunda Guerra Mundial, en busca de oportunidades laborales. Este éxodo contribuyó a una transformación metropolitana de su cultura costándole una desconexión de controles sociales tradicionales y  de las tierras de las tribus. Su calidad de vida mejoró, recibiendo acceso a servicios médicos, ingresos, empleos calificados y posibilidades de estudios superiores. Ahora, los Māori participan en todos los aspectos de la cultura y sociedad de Nueva Zelanda, viviendo un estilo de vida occidental, pero al mismo tiempo conservando costumbres sociales basadas en su cultura que han logrado perdurar desde la llegada de los europeos.

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