Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 22 de enero de 2012

Esta Revolución No Fue Televisada


El segundo año escolar coincidió con mi despertar político, especialrmente en  relación al desarrollo social y los derechos humanos en países emergentes. En mi curso de historia del Perú y Latinoamerica, el proyecto de fin de ciclo requería que formara un grupo con mis compañeros y escoger un tema para presentarlo en una feria en el gimnasio del colegio . Viendo que era un curso obligatorio para todos los alumnos del Grado 10 según el currículum estadounidense, todos mis amigos compartían la misma tarea – todos pudimos trabajar juntos mismo sin tener un horario escolar común. ¡Qué gran suerte! El grupo que formamos contaba con Glen Swanson, Alejandro Alves, Sebastián “Crack” Olivares, William Erickson y yo. El terrorismo aún resaltaba en el noticiero por lo vivido en la residencia del Japón y era una noticia diaria en CNN En Español – cuando aquel canal era lo máximo en actualidades antes de imitar su primogénito de los EE.UU. balbuceando su verdad – entonces elegimos exponer “El Terrorismo En  América Latina.”

Probando vestimenta para la presentación

No creo que en la historia de esta feria existieron alumnos que hayan dedicado tanto tiempo y pasión. Los países que examinamos fueron Colombia, Nicaragua, México y  Perú – ciertamente e los más conocidos en el tipo de conflicto en el continente. Desde allí dividimos cada país en zonas activas intentando comprender el teatro operativo y las condiciones sociales. Hasta Glen construyó una maqueta con GI Joes reproduciendo un enfretamiento entre guerrilleros y fuerzas armadas dentro de una selva tropical. Quería entender totalmente la plataforma original de estos movimientos, comparándolas con sus actividades más recientes para distinguir la legitimidad de sus actos. Recuerdo trasnochar haciendo investigaciones de grupos guerrilleros, terrorismo urbano y los cabecillas izquierdistas. Yo quería cerciorarme que mis conocimientos fueran lo más profundos para poder contestar cualquier pregunta que se me hicieran. Logré distinguir las diferentes ideologías sean Marxistas, Marxistas-Leninistas, Maoístas y todo lo demás también. Siendo un buen estudiante en colegio americano, me volví un gran admirador de Ernesto Guevara – mejor conocido en otros círculos como El Che – sobre todo por su pasión por la gente del continente – sin olvidar su pragmatismo.

Yo nunca fui una persona quien defamara una bandera de los EE.UU o pararme delante de una junto del Consejo de Seguridad de la ONU denunciando el imperialismo yanqui. Lo que sí lograba distinguir era la diferencia entre "el pueblo" y "la política". Éste último dispone de una facilidad para dirigir la vida de la gente y ésta a su vez  decide omitir esa realidad, declarando asímismo “la política no tiene nada que ver conmigo.” Esa gente esta prácticamente anunciando que está dejando sus derechos civiles al olvido. Para mí fue lo contrario desde los 11 años. Los Estados Unidos, jugando un papel reflejando el Imperio Romano de la era moderna, recurrió a varios recursos en el juego de la guerra fría defendiendo sus intereses en su “patio de atrás” como nos decían en las clases en Roosevelt. Apoyaron administraciones (dictaduras y otros gobiernos ilegítimos) en la región que oprimía a sus ciudadanos dentro de una servitud sin paralelo en cualquier parte del país desarrollado sólo para mantener unos pocos formando la elite nacional. En esa época, proclamarse anti-comunista favorecía tremendamente la cuenta corriente del gobierno gracias a los inversionistas del gobierno estadounidense. En muchos de esos países, la gente pobre no tenía ni la más mínima oportunidad de mejoramiento social y por lo poco que logré darme cuenta era la peor calidad de vida. Es verdad que en muchos casos, para traer algún cambio radical se necesitaría una revolución pues los intereses de una mayoría se topaban con los oídos sordos. Las instituciones políticas simplemente no estaban al nivel de lo que nosotros tenemos y damos por sentado en el mundo “desarrollado.”

Lo mejor de este proyecto no fue que aprobamos con la mejor calificación. Estaba muy orgulloso de lo que aprendí y también del trabajo que presentamos en común. Lo siento por explicarme de manera tan cliché pero es la realidad. Nuestro amigo, Crack, logró conseguirnos una cita con el jefe de seguridad de la empresa de su padre, el Tío Vince, en Lima. Este hombre había estado en las fuerzas armadas peruanas luchando contra el Sendero Luminoso. Tal vez sufría de esos traumas psicológicos del combate pero sus conocimientos fueron muy valiosos. Nos mencionó que muchas intenciones de estos grupos al inicio son muy nobles pero buscan entre la gente menos educada reclutas para volverse combatientes en la lucha contra la opresión. Es la gente más fácil para formar. El ejemplo que nos dió fue algo así: “Si eres pobre, tu familia se muere de hambre y viene alguna gente preguntándote si quieres ser un héroe ante la patria, dar de comer a tu familia y a la vez te ofrecen un arma, ¿No te volverías un guerrillero?” Nos explicó que muchos pierden su humanidad en la lucha durante este tipo de conflicto y muchos olvidan el propósito del combate, reemplazando el sentido común por lemas vacíos y violencia sin sentido.

Izquierda a derecha: Alejandro, yo y Crack

Después de tanto tiempo vivido en este continente, llegué a quererlo como si fuese el mío, sintiendo puro respeto por su gente y un deber hacia ellos. Había aprendido mucho de esta región, que gente en mi país no había ni visto ni en el noticiero – muy raramente sucede algo en América Latina que merece la pena repetirle al pueblo canadiense. No mucha gente en mi país sabía lo que se sentía tener gente cerca raptada o capturada como rehén, vivir toques de queda, tener sus automóviles sometidos a inspecciones por explosivos, o tener guardias protegiendo sus casas y sus vidas privilegiadas. Esperaba que al terminar el colegio en el Perú y volviendo al Canadá, podría usar esta experiencia como clave para una excelente educación en Ciencias Políticas para  poder un día fomentar las instituciones y el desarrollo del potencial humano. Latinoamerica tenía mucho que ofrecerle al mundo y el cambio no sería del todo posible por una revolución armada o el terrorismo, si no por una revolución psicológica e interna. Todos merecemos una oportunidad para hacer algo de nuestras vidas (sobre todo en nuestro propio país) y todos los derechos deben ser universales sin favorecer únicamente unos cuantos.

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