Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 15 de enero de 2012

Mi Amiga, La Adolescencia

Al pasar de los años, solemos evolucionar en nuestro razonamiento desenvolviendo el mundo a nuestro alrededor a través de preguntas y respuestas. Los niños generalmente se dirigen hacia los mayores en busca de la verdad, debido a su falta de conocimiento - o como dicen en el mundo laboral, por falta de experiencia. Al abordar esa metamorfosis para volverse adultos, la trayectoria gira en torno a la adolescencia, esa época algo incómoda para algunos y algunas en el que sigue esa búsqueda del por qué existimos y qué debemos ser. Generalmente no se atreven uno a hacer preguntas. Entre los patrones más comunes relacionados al comportamiento se pueden notar rebeldes sin causa, furiosos sin saber por qué, quizás porque saben que los días en los que mamá y papá nos defienden ante el mundo complicado están viéndose contados. Pero igual, ¿quién no se preocuparía sabiendo lo inevitable de dejar atrás para siempre el mundo de los dibujos animados para entrar a una oficina? Esa colección de GI Joes se ve cada vez más pequeña mientras uno se concentra en el estudio y actividades escolares que nos transformarán en una pieza estratégica en el tablero de ajedrez del proceso de postulación universitaria.


¿Tendrás lo que quieren las universidades?

Yo tenía un mundo de preguntas en el momento que vivía en Lima. Brian y yo habíamos aceptado nuestra vida de nómadas, pero nos aferramos a ese sentido imaginario y artificial de la identidad canadiense. Nuestra pasión y lealtad hacia nuestro país nos ayudó a superar momentos de difíciles, sabiendo que pronto volveríamos a estar reunidos con ese grande amor y que todo entraría en la normalidad. Nuestros viajes a Ontario eran la oportunidad ideal para volvernos a conectar con la familia. Claro que sin vivir uno en su propio país no brinda una perspectiva adecuada en cuanto a la realidad de la vida cotidiana, lo cual nos distorsiona el universo por este terrible factor: las suposiciones. Esta palabra destructiva que forma una gran parte de nuestra condición humana, trae consigo un gran peligro, pues naturalmente como seres humanos, intentamos asociar lo desconocido con conceptos más tangibles que sí entendemos. Generalmente, las suposiciones suceden cuando una persona no encuentra otra con quien pueda compartir una respuesta, o bien no bajamos las defensas psicológicas para escuchar una explicación profundamente útil. Se generan varios problemas cuando uno deja llevarse por la marea de suposiciones. Cuando hay dudas, lo mejor que se puede hacer es preguntar. Uno de mis profesores en la universidad nos dijo a todos en la clase, no existe tal cosa como una pregunta mala, algo de lo que estoy convencido que jamás se equivocó.

La crisis de los rehenes de la Embajada del Japón se llevó a cabo paralelamente con nuestras vacaciones del colegio junto con sus actividades respectivas, acarreando una cierta depresión. La mayoría de mis amigos eran extranjeros, lo que significaba que muchos fueron a pasar ese tiempo en sus países de origen, comtemplando dos meses de terrible aburrimiento. Mi padre se vió obligado a llevar acabo las labores del embajador, con la esperanza de que todos nuestros canadienses al igual que los demás dignatarios salieran del certamen sanos y salvos. Mi madre debía permanecer a su lado, apoyando a nuestro gran líder. Por este motivo, nos anunciaron como un acto de intervención divina, que nos mandarían por un par de semanas a Toronto con mi tío John y a Kingston con mi abuelo. ¡Esto sí que fue un regalo de los ángeles! Ese momento marcó el primer viaje internacional de los chicos Bickford sin sus cabecillas, permitiendo a su vez un mejor entendimiento a las responsabilidades de un viajero y portador de un pasaporte canadiense. Aunque Brian era el mayor de los dos - y sigue siéndolo pues no he encontrado un motivo de cerrar esa brecha de la edad - toda figura de la autoridad se dirigía a mí para hacer preguntas, pensando que yo era el mayor, pues era más alto en estatura que él, significando así que lógicamente yo era el hermano mayor. Al principio, me sentía algo incómodo pues me esperaba delegar toda responsabilidad a mi hermano pero después de tantas entrevistas, empecé a entender el mundo burocrático del viaje internacional.

Lo que tomó mayor importancia durante este viaje fue el tiempo que pasamos en Toronto, el punto de arribo y partida. Aunque la recepción fue algo brusca gracias a nuestros incansables agentes de aduana y servicios de frontera del Canadá, dispuestos para sospechar hasta de un bebé recién nacido como potencial terrorista, el balance fue positivo. Recuerdo aquel agente pedante y todopoderoso retando a un niño de 14 años y el otro de 17, que no disponían de ningún privilegio diplomático en el Canadá y nos dió una bienvenida completa incluyendo una revisión de cada milímetro de maleta que traíamos, como si hubiésemos sido traficantes. Nuestro tío John nos esperaba del lado de la población civil, listo para llevarnos a su casa. Era siempre un gran placer verlo, nuestro padre canadiense. Al viajar en su automóvil, nos preguntó si nos gustaba el basquet pues tenía dos entradas para que fueramos a ver a los Raptors de Toronto enfrentarse a los Cavaliers de Cleveland. La franquicia de Toronto estaba sobreviviendo bastante bien su temporada inaugural, gracias en gran parte a las habilidades de Damon Stoudamire (conocido como Mighty Mouse (Súper Ratón) por su facilidad en el deporte mismo siendo uno de los jugadores más pequeños en la NBA en aquella época midiendo solamente 1,52 m). Después nos dio algunos buenos consejos para el uso del transporte público y lugares de interés que podíamos visitar mientras el estaba trabajando durante la semana. Fue excelente para nuestra independencia y para conocer la belleza de la ciudad más grande del Canadá a nuestro propio ritmo.


Stoudamire enfrentándose a los Knicks de Nueva York

El trabajo de criar hijos e hijas como padres es uno de los más complicados sobretodo al entrar en la edad de la adolescencia. Me quito el sombrero por respeto a todas las madres y los padres que viven esa realidad. En ese momento, la nueva generación pone a prueba los límites, intenta salirse con la suya con sus travesuras, descubriendo el trago, persiguiendo chicos o chicas, todo mientras se creen adultos sin aún serlo. En algunas culturas, esta época puede ser más difícil, pues las responsabilidades que ayudan a la transición en camino a la "madurez" son lentas, prolongando la rebelión. En el caso de niños transculturales, existen unos más rebeldes que otros, pero por lo general suelen ser más tranquilos. Por supuesto que también hay excepciones a la regla, sobre todo por la susceptibilidad a la influencia de las amistades y otras presiones, pero el balance está a su favor. Aunque aun están explorando el mismo mundo que sus compañeros clasificados en una edad paralela, han debido adaptarse a cambios repentinos y frecuentes a temprana edad. Han pasado por más desafíos que los demás de forma regular, haciendo nuevos amigos, estableciendo nuevos hogares, conociendo nuevos países, culturas y religiones, y el núcleo familiar significa todo. Los problemas son menos superficiales y más profundos lo cual trae similitudes con lo que se topa un adulto, explicando la facilidad para estos niños de relacionarse con gente mayor.


Fotos cortesía de EducaEdu y Kicks On Cards

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