Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 18 de septiembre de 2011

Mi Amigo El Soviético

Tal como mencioné más o menos al final de mi previa entrada, el mundo siempre tiene una manera de reponer algunos aspectos de la vida en cierta forma. Este tipo de energía también entró en juego durante mis primeros meses al inicio del mundo de Roosevelt. Me sentía totalmente rechazado por los peruanos, con todos los caminos invadidos por avalanchas de enfrentamientos. Ya no contaba con aquella opción de integrarme a ese grupo y no quería exponerme a más maltratos. Si mi vida tendría que sufrir más bombardeos, no lograría sobrevivir esta misión. El camino hacia una adaptación ya era lejano y ahora me concentraba en asumir la realidad de mi situación. Ya podía identificar varios paralelos entre mi vida y películas situadas en cárceles. Sabía que la clave de mi triunfo era enfrentar todo esto y era tener alguien que me cubriera la retaguardia. Mi hermano se había ofrecido muy amablemente para apoyarme – seguramente notando que iba de mal en peor en todo esto, pero no podía pedirle a mi hermano de luchar donde me tocaba hacerlo yo. Necesitaba formar mi propio equipo.

Iván Drago durante una conferencia de prensa

Los demás grupos eran más pequeños, entonces me imaginaba que era aún más difícil integrarme a ellos. Los otros eran grupos de americanos junto con otros chicos de habla inglesa, también habían grupos más tranquilos y distanciados como los japoneses y los coreanos. Me sentí a la par con todos cuando evaluaba mis oportunidades para integrarme pues compartía el mismo ingrediente con todos en esta mescolanza: un montón de nada. Éramos todos extranjeros pero, bajo mi punto de vista, esto no era suficiente para crear un vínculo. Durante algún tiempo navegué este mar de turbulencias sólo observando a mis compañeros durante las clases y a la hora del almuerzo. A lo lejos notaba como conversaban y no me sentía lo suficiente sociable como para calibrar mi apetito de riesgo. No prefería un grupo a otro, pero empecé paso a paso a establecer una amistad con Mario Lambert, un chico franco-canadiense hijo del agregado de la Policía real montada canadiense de la embajada y con David Williford, quien creo que fue hijo de un misionario americano. Los dos figuraban en mis clases de español, debate y poseía, tenían un gran sentido del humor. Nuestra maestra era una ex Miss Perú – seguramente durante la prehistoria – que se llamaba la Miss Saco, quién demostraba una gran dificultad a la hora de controlar sus alumnos y ganarse el respeto de ellos. Si alguna vez vieron un episodio de Oz, bueno, esta situación tenía un gran parecido durante las escenas de disturbios. La única diferencia era que nuestra clase llegaba a un fin para todos con la misma campanada pero en Oz, todos tenían diferente sentencia. El ambiente era demasiado relajado en esa clase, entonces esto propicio la oportunidad de poder hablar frecuentemente con los dos logrando establecer un acercamiento.

Durante el cursos donde yo era el objetivo en la práctica de tiro al blanco (Educación Física) empecé a hacerme amigo de un chico que parecía eslavo. Realmente, le encontraba un parecido con el gran rival de Rocky, Iván Drago, pero algo más corpulento y bajo de estatura. Al parecer, nadie lo incluía en los equipos cuando al organizar las actividades deportivas. Yo nunca escogí equipo porque ya sabía que me decisión no sería tomada en cuentao. Los alumnos lo insultaban con frecuencia utilizando una plétora de insultos los cuales jamás había yo oído en mi vida y prefiero no repetírselos. Era evidente que él era otro extranjero y al parecer, podríamos fomar un buen equipo. Si a mí no me querían en este colegio y era un chico “normal”, seguramente él también era mejor que el promedio compartido. La primera vez que me acerqué al camarada, le hablé en inglés debido a mis limitaciones en ruso. Esperé que este fuera un idioma en común. Supuestamente, debíamos jugar voleibol y ninguno de los dos tenía pareja para practicar. Me respondió de formar verbal pero aunque sus labios se movían y su habla luchaba ante el incesante ruido de balones rebotando sobre la superficie del gimnasio, no le entendí una sola palabra. Logramos comunicarnos de alguna manera únicamente con gestos y expresiones en nuestros rostros, por ejemplo señalar con la mano hacia uno mismo para que el otro se acercara y el pulgar hacia arriba significando “OK”. Seguimos jugando de esta manera por un buen tiempo y a veces hasta nos reíamos juntos durante la sentencia que cumplíamos en el gimnasio. Era muy curioso poder establecer un buen contacto con otra persona sin la necesidad de hablar.

Poco después noté que el soviético también asistía a la misma clase de Historia del Mundo. Kevin “El Chivo” Jameson, un clon perfecto de Woody Harrelson, dictaba este curso. Era un joven americano, seguramente profesor de adolescentes por primera vez en su carrera. Además era una persona tímida, lo cual no le favorecía absolutamente nada en su tarea de maestro ante semejante público. El motivo por el cual se le denominaba el chivo era porque, durante sus presentaciones relacionadas al día de clase, una persona aleatoria gritaría con todo furor “Kevin chivo” y el resto de la clase seguía en coro con un, “¡Ey yey yey yey yey!”. Cada yey era más fuerte que el anterior y según el día y las circunstancias, se podían agregar más. Al parecer, el maestro nunca solía tener respuesta a este comportamiento y aunque esto me parecía cómico, no podía creer el poco control que tenían los profesores en sus salones y la falta de disciplina de los alumnos. En mis otros colegios, jamás había visto esto. De cualquier manera, mi compañero de Europa del Este y yo nos unimos al coro. En algún momento también pudimos haber iniciado el llamamiento al chivo generando el tsunami. De hecho, esto fue una excelente manera de liberarme del estrés en ese mundo. Cada que terminaba el curso del Sr. Jameson, siempre me sentía preparado para enfrentar el resto de mi mundo hostil. Kevin era una muy buena persona quien no mostraba resentimiento por lo sucedido en su clase. Quizás al finalizar su clase daba gracias a los dioses por haber teminado. Varias veces charlé con él acerca de basquet pues supuestamente jugó para Duke en el NCAA. Yo era joven pero no tonto. No parecía tener el físico de un atleta universitario.

Alejandro, Kensuke y yo


El ruso y yo finalmente empezamos a hablar cuando me di cuenta que se llamaba Alejandro. Ahora podía discernir el idioma que luchaba en ser traducido a mi oído, un acento fuerte conocido como el andaluz. Es algo similar al castellano (español), pero con la falta de muchas letras que son ignoradas en el proceso de la pronunciación. Tampoco era una ventaja que jamás había yo escuchado este regionalismo. Él no hablaba relativamente nada de inglés pues también ésta era su primer experiencia estudiando en este idioma, pero por lo menos yo tenía algo de conocimiento oral. Gracias a esta nueva amistad, me uní a mi compañero deportivo, el basquet, que practicaba durante el recreo con él y sus amigos coreanos y japoneses. Este momento fue cuando él me presentó a Kensuke Kobayashi, un gran amigo japonés quien nos sirvió como conducto a la cultura japonesa y ese gran idioma. Kensuke me enseñó algo que jamás olvidaré: Onara no nioigasuru (huele a pedo). Esto llevaba una conotación con el olor constante de guano en la ciudad. Era un chico muy simpático y con un gran sentido del humor. Ambos me permitieron conocer culturas muy diferentes a la mía y compartir mis conocimientos sobre mi país. A través del rechazo de mis anfitriones, me volví más orgulloso de mi país y de ser canadiense. Ahora parecía encontrar mi lugar en mi nueva vida. Todos éramos chicos en tierra ajena.

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