Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 22 de julio de 2012

La Invasión De Los ‘Smartphones’


La tecnología ha sobrepasado el uso de ser un complemento a la vida cotidiana alcanzando el nivel de la necesidad absoluta. Tres de cada cuatro personas en el mundo tienen un teléfono celular con varios aparatos y aplicaciones instaladas. El mundo está cada día más interconectado y los que prefieren aquella época de usos básicos informáticos se están quedando atrás en la oscuridad. La comunicación por vía tecnológica y redes sociales está desempeñando un papel más presente tornando la vida privada a pública, anunciando a partir del mejor día de su vida por Facebook hasta quejarse del jefe y la compañía por Twitter. Mismo las empresas buscan en sus nuevos candidatos para empleos, conocimientos avanzados en los medios sociales. En la actualidad, debe uno medirse más que nunca al estar bajo la mirada de un público inmenso: todo lo que uno dice puede aparecer dentro de sus actividades en el internet.

En el ojo de la tormenta

Recuerdo al volver a Ottawa en 1999, la tecnología era vista como una herramienta de comunicación que muchos no se consideraba única. En ese momento, la euforia se encontraba en los salones de chat y servicios de mensajes instantáneos para mantener contacto con los amigos y familiares en lugares lejanos. Las llamadas de larga distancia eran carísimas debido a la falta de buenos planes telefónicos – recuerdo haber recibido facturas alcanzando niveles exagerádamente altos lo que me obligó a la comunicación por e-mail – en ese entonces la comunicación con el mundo exterior era difícil. Gracias a tantos avances, ahora podemos perder el día entero intercambiando mensajes de voz con nuestra gente favorita desde un polo al otroo del globo terrestre sin problema alguno. A finales de los años 90, notábamos la gran conveniencia de estos mejoras pero no habíamos aún caído en la profunda tentación por la que estamos pasando en la actualidad. Creo que valorábamos más la comunicación interpersonal cara a cara. Ahora, todos en conjunto nos sentimos perdidos al no tener novedades de nuestros seres queridos a cada 15 minutos. 

Esta falta de desarrollo en su época faciltó tremendamente mi transición, no solamente en cuanto al Canadá, si no a mi nueva etapa de empezar una vida independiente a los 18 años. Mis padres vivían en otro país, lo cual no nos permitía comunicarnos con mucha frecuencia, mis amigos estaban en cada extremo del planeta y mi hermano, a una distancia de 800 kms – él era mi aliado más cercano geográficamente. Sin tener esa facilidad de pasar el tiempo hablando por teléfono, Skype, MSN, WhatsApp o cualquier otro tipo de programa que comparta el mismo propósito, tuve que hacer frente a la realidad. Yo sabía perfectamente que había todo un mundo más allá de mi radio operativo, en el cual no podía formar parte y debía aprender por mí mismo como sacarle ventaja a mi situación. Si necesitaba cualquier tipo de ayuda, nadie podría acudir a mi rescate – o por lo menos, esa opción tardaría en concluir. Esta situación era similar a otras de las misiones donde había vivido, con esta experiencia, luché para ganarme mi lugar en mi nueva vida donde sentí que pertenecía. 

Hoy en día, donde sea que uno vaya, siempre encontrará gente dedicando cada instante de su atención a sus teléfonos, ipads, laptops, mp3, etc… Las pantallas son la clave para operar como ser humano moderno. No podemos distanciarnos de productos electrónicos que nos permiten comunicarnos con personas viviendo lejos en vez de los que están frente a nosotros. Es relativamente imposible sentirse solo y abanadonado, estando "desconectado" del mundo. Muchos matrimonios y relaciones culpaban el fracaso de su luna de miel al televisor pero la saturación en el mercado de esos productos está contribuyendo aún más a esa ola de destrucción, creando nuevas dependencias acabando a la vez con el diálogo familiar. En cuanto ese aparato suena en su bolsillo, la atención de uno vuelve para investigar el por qué, quitando toda importancia a todo lo demás. “Tengo que saber si Juan se compró esa nueva televisión.” He notado esto muchas veces en reuniones, encuentros entre amigos y hasta peatones cruzando la calle –  casi siendo atropellados por estar totalemente perdidos en su adicción – y hasta con la gente más cercana cuando estamos en plena conversación. Siempre hay que cerciorarse de cerrar la puerta con llave al salir de casa (hay que usar siempre el sentido común). 

Hagamos del tiempo cara a cara una luna de miel eterna.

Seguramente es más facil para las personas que tienen familia en el extranjero caer en ese comportamiento destructivo – yo lo sé porque también estoy en esa situación . Aunque es muy grato mantener una buena relación con la familia, puede llegar a ser en detrimento a su propio bienestar estar desconectado a su vida diaria en lo que ahora se llama “hogar”. Mucha de esta gente que conozco se sabe cada detalle de la madre patria – un lugar donde quizás nunca volverán a vivir – en vez de lo que acontece en su país, ciudad y comunidad en él o la que decidieron venir a radicar. Además, alimentar ese aspecto personal contribuye a sentirse alienado, deprimido y extrañar. Siempre suelen estar convencidos que allá es mejor, pero si tan cierto lo fuera, ¿por qué decidieron dejar atrás ese paraiso para vivir en otro sitio? Les recomiendo a todos de desconectarse a menudo para gozar del mundo natural que los rodea junto con sus familias y amigos, hablando sin intermediarios e invertir en su salud mental regularmente. La tecnología es una herramienta y no máquinas de vida artificial que nos mantienen vivos.

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