Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 20 de marzo de 2011

El Desierto de Atacama

El Desierto de Atacama es el más seco del planeta. Los Bickford tuvieron la oportunidad de aventurar en esta maravilla natural durante nuestra estadía en Chile. Llevamos a cabo varias expediciones valientes en un Suzuki Samurai implacable, una de las creaciones más sigilosas de la indústria automovilística japonesa. No existe ningún otro vehículo más cómodo que esta bestia sobre cuatro ruedas, particularmente cuando uno tiene el privilegio de viajar en la parte posterior sentado un asiento hecho de puro fierro. En la mayoría de nuestras adventuras, mi padre era el capitán al mando (al volante si así lo prefiere), mi hermano como copiloto leyendo nuestro mapa detallado de la carretera (dura labor ya que todo se ve y parece un gran montón de arena y polvo donde las carreteras quedaron enterradas sin dejar rastro) y mi Maman y yo sentados atrás. Aunque nosotros desempeñábamos un papel más secundario en la dicha expedición, nuestros traseros tenían que aguantar todos los golpes debido a los baches y hoyos en la ruta amortiguados por la suave almohada (el piso metálico del jeep). Tal vez, es debido a la experiencia con este vehículo en particular, que desde entonces padezco de mareos cuando viajo en la parte posterior en cualquier medio de transporte. Esto no quería decir que los chilenos no se preocuparan por la infraestructura de sus vías de transporte, pero la verdad es quién querría invertir en una super autopista que atravesaba un enorme desierto. Según la definición actual, no hay mucha gente que radica en los desiertos, por lo tanto no era una máxima prioridad. ¿Cuál sería la razón por la cual alguien necesitaría carreteras seguras? ¿Y por qué se le ocurriría a unos diplomáticos desquiciados ir por esos lares?
El Suzuki Samurai: Nuestro Valiente Acompañante
Calama, el remoto pueblo de aproximadamente 150,000 habitantes, predominantemente de origen indígena, nos sirvió de morada para una de nuestras misiones del desierto indomable del Atacama. El aeropuerto era como una franja aérea siendo una pequeña terminal que se asemejaba a una terminal de autobuses de una ciudad, rodeada de una nada infinita. Una de las mayores fuentes de empleo para el pueblo era la mina cercana de Chuquicamata. Esta mina de cobre y de oro era la segunda mina de cielo abierto más grande del mundo y tenía un nombre que me gustaba repetir a menudo. Chuquicamata. Además de estar sumamente impresionado por la profundidad increíble de esta mina, admiraba también el tamaño de los camiones utilizados en el proceso de la extracción. Estos se parecían a mi camión Tonka de juguete al que me había encariñado mucho cuando niño. Mi hermano y yo admirábamos ese juguete, sobretodo porque nos podíamos parar encima de él, usarlo como patineta y de alguna manera siempre permanecía intacto. Un juguete realmente indestructible. Mis padres siempre tomaban todas las medidas de precaución y preparación para poder estar bajo control de cualquier situación que se llegara a presentar antes de salir a conocer y recorrer nuevos lugares. Tuvimos que llevar  buenas provisiones, ya que no existían los centros de servicio ni restaurantes para comprar algo de comer, también teníamos que llevar tanques de gasolina, en caso de que se le acabara a nuestro fiel amigo Samurai, y agua potable para beber. Llevábamos una llanta de refacción atornillada a la puerta de la parte posterior del auto, el que prácticamente parecía cajón, conformándose al estilo popular de los Jeep americanos de la época. Los Bickford siguieron las tres reglas de mi maestro de debate de noveno grado : 1) estar preparados, 2) estar preparados, 3) estar preparados. Las distancias en esos caminos de terraplén hicieron que nuestro viaje fuese más largo y más lento por lo tanto teníamos que programar todo para evitar quedarnos atrapados en medio de la nada al anochecer. Mis padres eran unos expertos para la planificación aún cuando se trataba de situaciones hipotéticas, algo que siempre he admirado. Nunca entendí cómo lo lograban a la perfección en cualquiera que fuese el caso, pero me gusta pensar que heredé esta excelente cualidad.
Una vez que estuvimos preparados y dotados de todo lo previsto inclusive cumpliendo con el horario, empezamos con nuestra intrépida expedición de nuestros alrededores. No se trataba de ningún Las Vegas por ahí, eso se los puedo asegurar. Este enorme desierto daba la impresión que la raza humana jamás podría vencer el poder de nuestra madre Gaia. Presentamos nuestros honores a los 'salares' , una remota idea de lo que solían ser lagos tiempos atrás, habiéndose reducido a sal pura. Las fortaleza precolombina de Pukará de Quibor, permanece prácticamente enterrada dejando la presencia indígena olvidada en el tiempo, al igual que la Aldea Tulor. Reservas de agua enteras desaparecieron junto conduciendo una migración de poblaciones enteras rumbo hacia ciudades más grandes. Mucha de la flora y fauna desaparecieron al perder la lucha continua ante la erosión. Sentí como si fuésemos los primeros en descubrir estos lugares después de varias generaciones de abandono. Los poderosos Dioses del Atacama regían estas tierras y eran la única autoridad para determinar quienes eran los bienvenidos al reino. Formaciones naturales que daban la apariencia de rocas así como las dunas estaban ahí compartiendo sus propias historias con los viajeros. El Valle de Luna, se le dió ese nombre debido a que el paisaje tenía ese parecido, el Valle de la Muerte, un valle repleto de tremendas dunas y rocas gigantescas, así como el Volcán Licancabur, que se presentaba como el guardián de San Pedro de Atacama. Además, hasta dimos de casualidad con una bahía seca con montones de piedras exóticas que significaba un gran tesoro para mi hermano mayor, Brian. Él tenía una gran colección de piedras que había ido aumentando con el tiempo, y mi padre aprovechó la oportunidad para aumentar su contribución. Conforme íbamos acercándonos a unos montones amarillos en la lejanía, incrementaba un fétido olor a huevo dentro del Suzuki. La primer reacción de los hombres aventureros fue de echarle la culpa el uno al otro, colocando una mirada matadora al posible sospechoso. Al acercarnos aún mas, mi padre pudo darse cuenta que se trataba de un montón de azufre y que esto no formaba parte de ninguna falla de las funciones de los órganos internos de los pasajeros. Les puedo decir que ese olor corrosivo es algo que no le deseo ni a mi peor enemigo.


Continuamos nuestra aventura llegando a la metrópolis de San Pedro de Atacama, (aproximadamente a 100kms de distancia de Calama por un sendero polviento llamado carretera) el cual pudo haber sido usado en alguna escena de Indiana Jones y el Templo Maldito. El censo del año 2002 calcula que la población es de unos 5000 habitantes. Me cuesta trabajo creer que en dicho pueblo haya habido algún auge demográfico desde nuestra visita en los comienzos de los años 1990, pero según lo que recuerdo, estaba bajo la impresión que cuando mucho, el pueblo contaba con una población más cercana a las cién personas. Nuestro hotel estaba ubicado en pleno centro de la ciudad (no hay que confundirlo con los suburbios aledaños del pueblo). Se llamaba Hostal San Pedro de Atacama administrado por la dueña, una mujer australiana. Nos hospedamos todos en la Suite Presidencial, una habitación acogedora con pisos duros de piedra helados, las camas individuales más pequeñas jamás vistas, la pintura de las paredes, la que normalmente aplican los que se encargaron de la construcción en la época precolombina y una áspera sobrecama haciendo las veces de ropa de cama. El baño que debíamos compartir constaba de un inodoro de porcelana 'digno de confianza'  y una ducha con una gran personalidad. La ducha parecía una manguera de jardinería negra con un solo ajuste, como si alguien estuviese pisándola evitando una presión fluida. Por la noche después de nuestras aventuras en los alrededores, teníamos que cerciorarnos de cenar pronto y alistarnos para ir a la cama lo más pronto posible porque todas las noches cortaban la luz a las 10. Esto me hizo valorar el estilo de vida de clase media a la que estaba acostumbrado.
Brian, Maman y yo en el Valle de la Luna
Los puntos de interés del pueblo eran pocos pero a la vez no tenían precio como avenida hacia la historia del lugar. En San Pedro de Atacama se encuentra el Museo Arqueológico Gustavo Le Paige, que cuenta con  muchos artefactos que datan de la era precolombina y representan la antigua cultura atacameña. También habían unas cuantas momias en exhibición y un cuidador en el museo quien se había tomado la libertad de nombrar a una de las momias, Miss San Pedro de Atacama. Esto fue verdaderamente, lo que más me fascinó de la visita, ya que no podía creer que estaba admirando una verdadera persona que había vivido cientos de años antes de que yo aterrizara en este mundo. Al mismo tiempo, me sentí un poco incómodo por el respeto que se le debe a un difunto y no me gustaría que mis restos fuesen exhibidos a turistas. El siguiente punto de interés fue la iglesia de San Pedro, la cual representaba más bien un momento histórico. La iglesia estaba cerrada al público en aquella época, pero seguramente era un reglamento adoptado con el fin de preservar mejor el edificio, pero igual así la pudimos apreciar por fuera. Este lugar de rito lo construyeron de adobe, un material natural generalmente a base de agua, arcilla y arena. Me pareció increíble que sin importar a dónde se hayan establecido los españoles siempre dejaban su huella construyendo iglesias. Era increíble para mí darme cuenta de como nuestras civilizaciones siempre han querido dejar un rastro para las futuras generaciones como recuerdo de que estuvieron ahí, como para intentar asegurar una cierta forma de inmortalidad. Antes de llegar al Desierto de Atacama, el único concepto que tenía en cuanto a los desiertos se basaba en las películas de Hollywood acerca del Mojave o del Sahara y me di cuenta que el de Atacama tenía mucho menos población de lo que me esperaba.

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