Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 13 de marzo de 2011

Valparaíso, la Joya del Pacífico

Una de las ventajas de vivir en Santiago es el estar cerca de la Costa del Pacífico solamente a unos 120kms de distancia. Las playas aledañas son muy bonitas y tanto los chilenos como los extranjeros disfrutan mucho de ellas. El centro urbano más grande se llama Valparaíso y durante mucho tiempo fue el puerto de mayor  importantancia  en Chile. Este medio de transporte tuvo su época de apogeo antes de que se terminara el Canal de Panamá, dando acceso al tráfico marítimo entre los oceanos Atlántico y Pacífico pasando por el Estrecho de Magallanes. Valparaíso era el puerto ideal para el abastecimiento de víveres y hacer una pausa antes de continuar con la ardua jornada del viaje. Este puerto también fue de gran utilidad para gran parte del contingente de la marina chilena. Más recientemente, el Congreso Nacional del país se volvi a establecer allí a principios de los años 1990. La parte más grande e importante, la caracterizan pueblos pintorescos como Viña del Mar, reconocido por sus festivales culturales a nivel mundial. Reñaca siendo un destino de importancia durante el verano para disfrutar de la playa y nadar en el oceano así como Villa Alemana, lugar al cual se le dio el nombre de la ciudad de la eterna juventud.

Brian y yo en el balcón de la casa en Reñaca
Durante los tres años que vivimos en Chile, nos familiarizamos bastante con la región. Recuerdo la primera vez que fuimos a la costa, el camino que tomó mi padre manejando nuestro Citroën era un camino bordeando la costa entrando por Concón. Podíamos ver las majestuosas olas, por las ventanillas del automóvil, reventar contra las rocas y las focas reposando en ellas. El ruído que hacían estos animales era muy similar al de un perro resfriado. Su olor particular parecía mezclarse con la brisa del mar. Continuamos por este camino hacia el sur hasta llegar a Reñaca, un pueblo en la playa en donde acostumbrábamos quedarnos. La Embajada del Canadá alquilaba una propiedad ahí, a un costado de una colina con vista a la playa. Esta casa tenía una vista muy bonita de la bahía a cualquier hora del día, pero lo que más me gustaba eran las luces por la noche. No estoy seguro de como fue que esa casita de playa fue a dar a manos del Gobierno de Canadá pero definitivamente fue un atractivo mayor. El sistema para lograr reservarla se basaba en quien la pidiera primero, esa seria la persona a quien le tocaría o bien en forma verbal poniéndose de acuerdo con la sección administrativa. Sin embargo, por algún motivo fuimos los que mas disfrutamos de este lugar debido a que a las demas familias no les llamaba mucho la atención. Durante los meses de verano, la playa estaba repleta, pero después, parecia como si el pueblo entero era solamente para que nosotros lo disfrutaramos. Era muy bonito poder estar en la casa y disfrutar del silencio absoluto para disfrutar del murmullo de la marea y el ritmo de  las olas a lo lejos.
Definitivamente valía la pena ir cuando no era temporada, ya que así era más fácil ir a conocer los lugares interesantes de la ciudad. Siempre encontrábamos mesa en los buenos restaurantes del lugar y sin turistas, una enorme fuente de capital para los negociosos, la gente en el servicio de la industria no estaban agobiados para poder así proporcionar un excelente servicio. Uno de mis lugares favoritos para deleitarme con una comida de calidad era La Mia Pappa - sin confundirlo con el restaurante en Santiago que lleva el mismo nombre. El menu consistia en una mezcla entre la cocina tradicional chilena y platillos italianos. Los hornos de piedra para las pizzas eran fabulosos. Este elegante restaurante estaba construído decoración eran inmaculadas dando la impresión a los comenzales que era el mejor lugar para comer en Viña del Mar. Las mesas lucían manteles finos blancos y servilletas haciendo juego, y hasta las bebidas gaseosas o refrescos los servían en garrafas de cristal, dando a los niños la impresión de que tomaban bebidas de la fuente mas fina. En una ocasión nos tocó una mesa de donde podíamos ver en agua del mar debajo del piso de madera del restaurante por unos huequitos. De ninguna manera esto hizo que cambiara la calidad del lugar o bien disfrutar de él. La mayoría de la gente a quien no le gusta mucho que digamos el brocoli, le podía dar fin a esta horrible cosa verde en el fondo del mar si así lo deseaba.

En Viña del Mar habian una mansiones históricas muy bonitas, tales como el Palacio Rioja y otras quintas que pertenecieron a prestigiosas familias de negocios en esa región. Los visitantes podían darse cuenta del estido de vida de la gente rica y famosa por los detalles en la decoración de las casas asi como el perfecto estado en que las mantenían. Si no habían cordones para el impedir el paso de los turistas y dividir los salones, uno hubiera pensado que aún vivieron allí durante los años 1900. Habían varios parques, monumentos y aceras de tablas de madera, todas muy bien cuidadas hasta el último detalle, en particular el reloj floral, una señalización natural de la ciudad. Había una plaza también de tablas de madera - desgraciadamente no recuerdo el nombre - pero la gento alquilaba bicicletas o una carreta tirada por caballo para tours de los alrededores. Primero nos aventuramos a ir y recorrer esta plaza a la orilla del mar para ver gente que nunca había visto antes. Habían muchas gitanas, luciendo su vestimenta de Europa del Este, al acecho de clientes a quien les pudieran leer la suerte. Mi padre siempre tenía una naturaleza atrevida para descubrir y probar nuevas aventuras, sin embargo tanto él como mi madre trataban siempre de evitar estas mujeres a como diera lugar. Ellas se aproximaron en varias en ocasiones y mis padres siempre contestaban "¡No gracias!" Yo tenía cierta curiosidad on respecto a estas mujeres y por qué las teníamos que evitar. No fue si no hasta que una de estas mujeres se interpuso en nuestro camino y amenazó a mi padre diciéndole: " Ha escuchado hablar de la maldición de la gitana?". Mi padre no la miró y le contestó: "No! Pero ha oído hablar de la del carabinero (nombre que se le da a la policía chilena)?. El resultado fue curioso porque después de tan educada respuesta por parte de mi padre, la gitana retiró y se fue a unir a sus amigas, las cuales no volvieron a acercarse. Tengan esto presente si es que todavía están en esa plaza a orillas de la costa. Así evitarás que a ti y las personas que quieres les echen una maldición.

Yo en frente del Museo Naval
El área del puerto de la ciudad de Valparaíso también tenía su encanto. Nos gustaba ir a un restaurante donde solíamos frecuentar a menudo para comer, en donde nos daban una mesa en el segundo piso en un balcón. Este era un lugar ideal privilegiado para poder ver y observar los barcos en el muelle y algunos más grandes de la marina. Al pié del edificio, habían varios comerciantes en los muelles vendiendo todo tipo de cosas, hasta peces, que Brian y yo comprábamos para el acuario que teníamos en la casa en Santiago. Había tiendas de sellos de correo (algo muy bueno para nuestras colecciones), tiendas de antigüedades (excelente para desarrollar paciencia a temprana edad), y otros lugares divertidos para gente de todas las edades. El sistema de transporte de la ciudad comprendía funiculares - ascensores para nosotros viviendo ahí - que nos permitian llegar hasta arriba por un costado de la colina de la bahía sin ningún problema. Estos funiculares eran de madera y se deslizaban hasta arriba del costado de la colina por un sistema de como de riel. Subimos en ellos para ir a conocer el Museo Naval, el cual era una maravilla histórica. Este museo contaba con una colección de uniformes navales de principios del siglo 20, maquetas de réplicas de banderas o estandartes de barcos navales y hasta un albatross disecado. Pensé que el albatross era un ave impresionante, especialmente debido a su tamaño. Pudimos ver y visitar muchos sitios como la Sebastiana, una de las casas del poeta Pablo Neruda, la Concepción y el Distrito histórico Alegre y muchas de las iglesias del área.

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