Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 1 de abril de 2012

Cuba – Un Fuerte Solitario

En mi época de adolescente en Lima, me había vuelto todo un admirador de la Revolución Cubana. Este condicionamiento no era la norma de un colegio americano. Me fascinaba que este pequeño país latinoamericano, ubicado tan sólo a unos 140 km de la Florida, se liberó de la esclavitud explotadora de los EE.UU. en los años 1960 y frustraron un atentado de invasión – el incidente reconocido como la Bahía de Cochinos – proveniente de este mismo poderoso vecino. Fidel y El Che eran las estrellas de este movimiento tan prometedor. El compromiso de los revolucionarios de mejorar la vida de su pueblo, poniendo las necesidades del cubano común primero, era digno de elogio. Los líderes actuaban según la retórica que predicaban – algo raro entre políticos – llevando la educación y cuidados médicos a todos. Mientras los EE.UU. vivía una guerra interna entre razas por derechos civiles, la revolución acabó con las divisiones entre raza y género. Tanto el hombre como la mujer son iguales bajo la doctrina de la revolución.

Fidel asumiendo el poder junto a sus barbudos

A mediados de los años 1960, el gobierno cubano prohibió y eliminó toda propiedad privada, sacando los últimos inversionistas extranjeros que quedaban de la era pre-Castro. Esto acabó con la industria del turismo, muchas veces vista como la prostitución de la isla y el esclavismo de sus 'compañeros'.  Los hoteles que restaban dejaron sus puertas abiertas para recibir únicamente clientela nacional y sus hermanos comunistas. No fue si no hasta la caída del imperio soviético que el régimen comunista volvió remisamente a abrir sus playas a los visitantes extranjeros. El gobierno isleño se encontraba sin amigos en la comunidad global que pudiera reimpulsar su economía. Esos tratados especiales que una vez se beneficiaron del romance con el bloque de Europa oriental se acabaron y no volverían. La calidad de vida cayó drásticamente. Los cubanos conocen ese momento de su historia como El Periodo Especial. La administración estaba desesperada para volver a llenar su caja fuerte abandonada. Después de un largo debate entre los de la vieja guardia, se volvió a pasar legislación formalizando una nueva política del turismo. La bola de nieve entrenó la restauración de hoteles, autorizando cadenas extranjeras a volver a invertir y poner en marcha obras para resucitar la estética de las ciudades. No fue cuestión de mucho tiempo para que se abriera una compuerta dejando pasar una fuerte afluencia de turismo, la cual alimentó la economía hambrienta de un capital eclipsando la industria del azúcar y productos relacionados

En febrero de 1999, mis padres y yo llegamos a La Habana para vacacionar cuatro días bajo el esplendoroso sol caribeño. En cuanto la tripulación abrió la puerta del avión para dejar salir a los pasajeros, un verdadero perfume del dulce tabaco cubano se apoderó de nuestro olfato. ¡Hasta la bienvenida cubana tenía su propio olor! La rutina aduanera era algo intimidante para los principiantes, con un oficial sentado detrás de una ventanilla elevada mirando hacia abajo a los turistas. Mismo si uno viaja con niños, el reglamento indica que cada persona debe pasar individualmente por este control. Uno se siente preso dentro de una cabina, sin poder ver quién pasó o esta por pasar. Esto fue muy curioso. Yo llevaba puesta mi preciada camiseta del Che Guevara con el patrocinio de Rage Against The Machine, lo cual me llevó a recibir un “Muy linda camiseta, chico” de un oficial estatal cubano dotado de una cara dura. Fue una manera muy buena de romper el hielo. Después de recoger nuestro equipaje, nos recibió un representante de nuestra agencia de viajes y nos llevaron a nuestro hotel a unos 200 km, ubicado en la hermosa playa de Varadero. Al punto intermedio de esta trayectoria, paramos en un belvedere, el punto más elevado de la autopista, para probar un mojito de “bienvenido a Cuba” con un acompañamiento típico de salsa cubana tocada por un conjunto muy animado.  

Tomamos una excursión diurna a la Habana desde Varadero, abordo de una camioneta con aire acondicionado, guiados por Jorge, nuestro amable guía. No tardé ni un momento en hacer amistad con él, quien se dio cuenta de mi pasión y mi conocimiento acerca de la historia de su país. Alguien preguntó en nuestro tour a qué edad había muerto el Che Guevara y yo fui el primero en contestar. Visitamos el casco viejo de la ciudad, una zona preciosa donde puede uno ver edificios coloniales y fortificaciones de la era colonial. Cuba fue la última colonia española del Mundo Nuevo en independizarse. También había varios banquillos en los bares de la ciudad reservados con cordones o cadenas, conmemorando la ausencia de Hemingway, quien alguna vez fue cliente frecuente. Este gran escritor también fue un gran catador de bebidas a base de ron cubano. Debido a la contratación de nuestro querido Jorge por el estado – la mayoría de la gente que trabaja con el público extranjero comparte el mismo jefe – no tenía permiso de entrar con nosotros a la catedral. Su – y el único – partido político en la isla no toleraba afiliación religiosa. Tal como dijo el viejo Marx si no me equivoco, es “el opio de las masas”. En las calles, había mujeres negras vestidas de blanco, portando un tipo de turbante de mismo color, fumando habanos. Jorge nos mencionó que éstas eran líderes de la Santería – una mezcla de creencias africanas, autóctonas y cristianas, con un parecido al vudú – y nos recomendó no conversar ni mirarlas. Aunque el pueblo no era muy creyente, sí eran bastante supersticiosos.

Jorge, Maman y yo frente a la catedral


El viaje a Cuba fue una experiencia increíble. Se lo recomiendo a toda persona  de mentalidad abierta que no tenga únicamente pasaporte estadounidense, sobre todo antes de que se termine el sistema actual. Es uno de los países más seguros en el planeta, obviamente por su estructura de estado totalitario, lo que permite conocer el lugar sin problemas y a su propio ritmo. Si habla castellano, aún mejor. Es casi como entrar a una máquina del tiempo. Verá automóviles americanos de los años 1950 en condiciones impecables. Los cubanos son muy orgullosos de sus coches. Los edificios por toda La Habana susurran secretos delatando lo que pudo haber sido esta urbe en su epopeya y su gente esta lista para acoger al visitante. Este lugar es realmente un museo andante equipado de varios conjuntos musicales afro-cubanos acompañándolo a cada paso. Por el lado negativo, notará que la gente debe soportar una realidad con derechos extremadamente limitados. El pueblo vive en un mundo de escasez sin posibilidad de conseguir artículos que consideramos básicos que desperdiciamos en países más desarrollados. No le cuesta nada dar una propina cuando pueda, mismo si es la gorra que trae puesta, una cajetilla de cigarrillos, o cualquier cosa que no le importe regalar. Se lo agradecerán eternamente.

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