Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 15 de abril de 2012

La Ciudad Blanca


La bella ciudad de Arequipa descansa en un valle rodeado por los Andes en cuyo paisaje resalta la presencia del volcán El Misti. Ésta es la segunda urbe más poblada del país incaico la cual ha dado a luz a algunos personajes orgullosamente reconocidos en el mundo hispano, tales como Mario Vargas Llosa, recipiente del Premio Nobel y  también el muy distinguido Víctor Andrés BelaúndeSecretario General de la ONU en dos ocasiones. La arquitectura colonial en su casco viejo, construida usando piedra volcánica blanca, le da un toque único explicando su apodo como La Ciudad Blanca. Esta imagen metropolitana fomenta en lo más profundo de la consciencia de sus habitantes, alimentando un orgullo especial. Durante mi época en Lima (del año 95 al 99), el pueblo arequipeño debatía la posibilidad de una autodeterminación alejándose del estado peruano, pero el resabio llevaba un toque de comedia para los burócratas sentados en el congreso nacional en la ciudad capitalina. Además, hasta se podía conseguir un pasaporte arequipeño – hasta le tomaban la foto a uno en plena calle – de vendedores ambulantes en el centro de Lima.

Nuestra restaurante con vista a la Plaza de Armas

Hice este viaje a Arequipa junto con mis queridos padres en semana santa de 1999. El primer día lo dedicamos al esplendoroso corazón de la ciudad y sus numerosas arterias alimentando el casco antiguo, empezando por la Plaza de Armas. Esas plazas principales representan el nacimiento de muchos pueblos establecidos en la era colonial y suelen portar el mismo nombre. Los conquistadores diseñaron la ciudad usando como base la estrategia militar, dejando siempre un espacio abierto donde la gente podía congregarse para recibir armamento en el caso que cayeran las demás líneas de defensa durante un ataque. Los Bickford cubrieron la retaguardia desde una picantería – nombre para los restaurantes que sirven platos tradicionales – deleitándose con la incríble vista de la Basílica Catedral de Arequipa. Después de haber pasado años entre los predecesores de los incas, era evidente que hasta la comida en esta ciudad tenía raíces establecidas únicamente por la Madre Patria, apartándose de influencias gastronómicas criollas, japonesas o chinas, lo contrario de Lima. En la capital, era alucinante la cantidad de restaurantes chifa que preparaban comida rápida con un toque asiático. Estos grandes puntos estratégicos culinarios en Arequpia rodean la plaza principal y son un punto ideal para observar a la gente mientras almuerzan una comida completa. Se necesita este combustible en su motor por recorrer allí. No se pierdan el convento de las monjas, es como una ciudad aparte dentro del centro.

La evolución arquitectónica de la ciudad está completamente correlacionada con varios temblores que tuvieron. Realmente es algo sorprendente observar tantos edificios que siguen en pie desafiando no solamente el tiempo pero la cantidad de terremotos. Yo tuve esa gran experiencia de vivir uno en el confort de mi habitación en el hotel en una dulce madrugada. Lo que más pavor le da a uno es escuchar llegar al fenómeno, como un tren de carga a todo vapor y saber que está uno en su camino. De repente, sale un tsunami jalando una manada de turistas gritones llevados por el pánico, agregando algo más a todo este mambo. Al escuchar semejante público apocalíptico, salté de la cama en dirección de mi armario, en el que logré rescatar mis habanos Montecristo No. 4 y me disparé hasta la puerta. ¡Caballero! ¡La Madre Naturaleza no me iba a robar tremenda obra de arte del pueblo cubano! Si llegaba a desmoronarse este hotel, mis habanos debían sobrevivir. Bueno, ya me desvié demasiado del tema que trataba de la arquitectura colonial en este gran tesoro andino. Muchos compartimos esa ignorancia que los primeros arquitectos, ingenieros y constructores no tenían diplomas de grandes universidades técnicas pero de todas maneras erigieron tremendos monumentos que siguen siendo admirados hasta la fecha. Sus herramientas eran tan útiles como juguetes para niños pero esa determinación sin paralelo los guió hacia su objetivo final. La elegancia de estos acotamientos resalta ante la mirada de los visitantes, también subrayando la importancia que ha tenido la iglesia católica española en el desarrollo de este asentamiento.

Nuestro hotel estaba ubicado en las afueras de la ciudad en un pueblo llamado Sabandia. Era un Holiday Inn Sunspree Resort construido al lado de una pequeña laguna artificial, un antiguo molino de piedra y unos terrenos de campo abierto inmensos. Teníamos un excelente restaurante allí mismo que disponía un muy estudiado menú gourmet – una noche conocimos a los dueños mientras cenábamos: eran franceses expatriados y aficionados del motociclismo – grandes jardines con alpacas podando el pasto con sus dientes perfectamente afilados (la mejor podadora orgánica) y una piscina para relajarse. Una tarde, mis padres y yo gozábamos de una limonada fresca, el cálido sol andino y la paz que se disfruta mucho en el campo peruano. Toda la propiedad lucía un ambiente ideal para olvidar el caos de la vida urbana. Durante ese momento profundo de agradecimiento por meditación, nuestra consciencia colectiva pareció estar tan conectada a la Pachamama que de alguna manera convocamos la fauna que nos rodeaba. Mientras estábamos perdidos concentrándonos en lo más profundo de la paz y tranquilidad, se zafó un precioso caballo saliendo de la nada, galopando a orillas de la piscina y desapareció así como llegó. Los tres compartimos una mirada curiosa, pensando si de verdad acababa de ocurrir lo que vimos en cuestión de segundos. Antes de abrir la boca después de asimilar tal rareza, volvió nuestro querido y nuevo amigo el potro pero esta vez, lo venía siguiendo un jardinero peso pesado y no muy dotado en la carrera de larga distancia, intentando hacer parar al animal. Debo compartirles que esa tarea debe requerir un alto nivel de atletismo para alcanzar un animal que nació para correr en el campo libre.

Visitando el molino de Sabandia

Otra tarde de tranquilidad – se dan tan fácilmente en estas condiciones – salimos los tres a caminar por el sendero campestre que lleva al viejo molino. En camino, nos encontramos con una vieja casa particular de cerámica roja con una veranda exhibiendo mesas y sillas. Parecía que el frente de la casa servía para atender el público en capacidad de restaurante. En el Perú, sobre todo si es muy obvio ser gringo – una de las palabras más flexibles en este país para decir extranjero – la gente aparece repentinamente de la nada (tal como el potro fugitivo) y de repente escucha uno “o’e compa’e... coman acá puéee.” Tal como se los mencioné en mi episodio por Ancón, estos lugares son los mejores en cuanto a calidad y costo – sin olvidar las porciones generosas. Nos convencimos rápidamente de entrar a probar algunos platos típicos pero el que quedó grabado dentro de mi glosario gourmet fue en infame rocoto. Me encanta la comida picante, pero después de este plato de pimentón nuclear lleno de carne al inferno, creo que me quedé expulsando llamas como un dragón durante un mes. Los que han probado los diferentes picantes mexicanos sabrán que existe “calor” y “sabor”, pero el ají peruano puede hasta aniquilar células cancerigenas o hacer un agujero en una caja fuerte de acero. Será por eso que dicen: “Cada quien tiene sus gustos.” Compartimos el ambiente acompañados de los perros más olorosos del planeta, cumpliendo al pie de la letra su labor de defender el suelo de cualquier objeto comestible que intentara escapar. Arequipa fue y siempre será uno de mis lugares favoritos del Perú y se lo recomiendo altamente a toda persona que tenga la oportunidad de realizar este viaje.

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