Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 10 de junio de 2012

El Poder Del Uno Más Uno

¿Será algo intrínseco en el código genético del ser humano, el estar obstinado en lo que es mejor para uno mismo? Cuando nos topamos con algún momento difícil, siempre tenemos esa predisposición de culpar a toda persona y circunstancia por ese percance por el que estamos pasando. Muchas veces suele ser complicado ante el gran ego que tenemos aceptar responsabilidad por la tragedia que causamos, la cual se estrelló haciendo reventar nuestro palacio de cristal oculatando la vida perfecta. Nadie puede culparme viendo que soy perfecto, así que seguramente son los demás los que están totalmente equivocados. Se vuelve terriblemente complicado quitarse ese sentimiento – que ni tu ni nadie, nadie, puede cambiarme – y luego volver al ritmo normal después de la tormenta arrazadora. Por qué será tan duro para muchos decir, “Lo siento mucho” para reconstruir. Perdonar es divino, claro que lo es, pero esa última frase viene de un planeta desconocido que solamente un superhumano puede pronunciar coherentemente. Supongo que si esto no fuera el caso, resultarían innecesarios los psicólogos y analistas del mundo entero.

¿Quién tendrá la mejor mano?

Mis domingos normalmente sirven para dar inicio a una nueva semana – o el final dependiendo de la preferencia de usted, mi querido lector – con la misa dominical. Siempre siente uno algo positivo después de alimentar el alma con algo de contemplación, espiritualidad y un tiempo de silencio para reflexionar, huyendo de lo que aconteció durante la frenética semana que compartimos con el resto de la humanidad. Alguna gente se pierde dentro de las malas vibras, contagiando sus alrededores con ese vudú que exhalan por cada poro. La semana pasada, el sermón del sacerdote de mi parroquia pareció compartir el mismo tono que lo que venía rebotando en mi ser. ¿Podría ser que se ha metido a leer mi blog? No descarten esa probabilidad. Dentro de su monólogo, buscaba entusiasmar a su congregación en la busqueda del más allá del “YO” y conciliarnos con esa filosofía del cristianismo de la comunidad y la cooperación. Cuantas veces en serio nos decimos, “¡Ufa! Ahora sí eché todo a perder.” Lo que compartió esa mañana resonó altamente dentro de mi consciencia y fue algo como sigue: “Siempre pensamos que somos tan independientes de los demás pero nunca tomamos en consideración las muchas interdependencias que tenemos.” Esta frase que llevaré conmigo toda la vida, pienso compartir con futuras generaciones tal como la mentalidad de la Cadena de Favores.

Esa hambre por el materialismo y tener más que nuestro prójimo domina desde que aprendemos a caminar y hablar. ¿Recuerdan el chico en el recreo con esa colección bárbara de canicas o la chica que parecía tener todas las Barbies del mundo entero? La meta siempre fue de tener más. La igualdad no deja un buen sabor y por eso ese comunismo nunca logró alcanzar la cúspide. Cuantos de nosotros tenemos ese amigo, vecino, conocido o hasta la misma persona que nos desafía de reojo por el espejo – y sí, ese rufián también nos ha hecho caer en la tentación más de una vez – queriendo siempre  más y más.

Tomemos estos ejemplos en consideración:

a)         Me gustaría tener un mejor auto que [poner en este espacio el nombre del rival]
b)         Mi amigo tiene un televisor más grande que el mío
c)         El marido de mi amiga es mejor que tú, o
d)         Todo lo anterior.

Los estudiantes universitarios en economía aprenden la importancia del libre mercado y lo positivo de un ambiente de competencia. ¡Díganle esto a los de la Eurozona! Hasta en el Canadá donde vivimos presos en un mundo de monopolios, nos enseñan lo mismo desde el primer curso. La campaña de RR.PP. para el “YO” va a toda velocidad, entrenando las mentes jóvenes a creer que todos serán los reyes de Bay Street (el Wall Street canadiense) y ganarán esa enorme fortuna.

La verdad es clara: las interdependencias son todo. Tomemos por ejemplo el Jefe Oficial Ejecutivo de HSBC. ¿Piensan que tendría aún un empleo sin el dispensable representante de servicio al cliente en el centro de llamadas? Y bueno, ¿Miguel Ángel hubiera podido llevar a cabo su obra de arte en la Capilla Sistina sin obreros para construirla? Cuando decidimos lanzarnos al siguiente nivel en una relación romántica, dos personas entran en contrato el uno con el otro frente al altar para formar una vida juntos. El día que me casé, el cura no anunció el inicio de una ronda de negociación llevando a una conclusión repartiendo deberes un 60-40 o 30-70 si no de hacer una vida juntos, en las buenas y en las malas. Pero hasta lo sagrado del matrimonio parece haber caído en cuenta, afectado por la enfermedad de la individualidad. El esposo tiene un ingreso envidiable mientras que la esposa tiene que pagar sus deudas trabajando en una oficina que comparte un futuro en un callejón sin salida. ¿Pero no se habían puesto de acuerdo para formar una vida juntos? Plop, plop y mil veces plop. Puede ser eso lo que explique el tener cada uno cuentas individuales en el banco, entrando en una competencia. Si a uno de ellos le va mal, ¿los televidentes votan para que salga de la isla? Parece que la gente necesita  convencerse de que la cooperación puede llevar a mejores cosas. Cuando uno de ellos está hundiédose por la situación en forma general, no tiene ningún sentido echarle  tierra para que esté peor. La otra persona (o las demás personas) pueden ayudar a esta persona para darle el ánimo para dar una oportunidad a su vida por una segunda vez. La Roma antigua no fue creada en un día por un acto divino del que manda allá arriba (favor mirar en dirección del cielo). Tomó tiempo, esfuerzo y bastante cooperación – no cuenten los esclavos con esta formula porque eso si nulifica algo de mi argumento.

Nadie pudo contestarme cuantos días tomó construir Roma... sólo me dieron un gelato


Lo que quiero decir con todas estas palabras que comparto el día de hoy, es que muchas veces nos olvidamos del por qué estamos aquí y de los que nos ayudaron a llegar donde estamos. No fue cuestión de suerte o circunstancia, pero nuestra mitad más uno. Perdonen a esos que quieren y sobre todo que piden perdón también. Todos somos capaces de grandes obras bajo el espíritu de la cooperación y crear un mundo mejor. Es mil veces mejor admitir ese error cometido que permitir que todo el pueblo pegue fuego para luego decir, “No pasa nada” sólo para rescatar un orgullo inútil. Todos tenemos interdependencias, seamos líderes, seguidores, esposas, maridos, gerentes de proyectos, profetas, hermanos o hermanas, y debemos agradecer el compartir nuestras vidas. Sólo se vive una vez y ninguno tenemos la última palabra de cuándo nos iremos, entonces lo mínimo que podemos hacer es llevarnos bien con todo el mundo. Algunos problemas no se pueden evitar, pero otros sí, y no podemos dejar que destruyan la vida de los demás. ¡Aurrerá, nire jarrailek! 

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