Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 24 de junio de 2012

El Trabajo Comunitario Casero


Lo que define a una persona es su trabajo. Cuando dos desconocidos se encuentran, lo primero que se preguntan el uno al otro es: “¿Y usted a qué se dedica?” – o algún  comentario por el estilo. La respuesta que busca el entrevistador tiene muy poco que ver con bailar salsa, jugar futbol el fin de semana o practicar ortodoncia de manera amateur en la cochera. La pregunta tiene todo que ver con el aspecto profesional, lo que puede complicar a la persona que ha firmado acuerdos de confidencialidad con sus clientes o un empleado del servicio secreto – te podría decir pero después tendré qué... neutralizarte. Después de descubrir ese hecho tan importante, el siguiente juego entra en marcha correlacionado a las economías individuales: ¿Será que esta persona gana más que yo? ¿Debería verme la gente en compañía de este otro ser? El antiguo dicho del “¡Dime con quién andas y te diré quién eres!” entra al campo para unirse al partido. El balance entre el trabajo y el tiempo de descanso ha cambiado, dejando los pasatiempos totalmente de lado, sin importar que cuando llegue el día de despedirnos de nuestra vida en la tierra, nada de lo material nos seguirá. Bueno, por lo menos así dicen – a mí, que me entierren con mi auto y mis joyas.



La verdad es que la sociedad moderna por todo el planeta da mucha importancia a las divisiones sociales – como le gusta al ser humano dividir, ¿verdad? – cosa que nunca veremos todos juntos en la sala de la casa. No existen muchas amistades hechas desde la infancia que rompen estas barreras económicas. Quizás si los ponemos todos juntos dentro de la misma habitación, observaríamos cómo el más cómodo se queda alerta pensando... “¿A qué hora me van a robar estas chusmas?” El más humilde pensará: “Me pregunto si los demás pensaran que soy un gorrón.” Hacemos colectivamente el mejor trabajo para reenforzar estas diferencias, más de lo que pensamos. En muchos países es común ver a una familia con un buena billetera, todos juntos cenando en torno a la mesa del comedor y escuchar a la hora de bendecir la comida que están listos para decir algo como esto: “Dios, por favor dale a los que no tienen que comer.” Creo que nuestro Creador – o la fuerza superior y todopoderosa con la que se identifiquen mejor – tiene ya muchos líos que desenredar pero creo que nosotros podríamos hacer un esfuerzo para ayudar al ser humano.

Cuando estuve en el colegio Roosevelt, me uní en algunas ocasiones – no tanto como  hubiese querido – al trabajo comunitario, una experiencia que trae mucho valor a la vida de los jóvenes. Nunca es demasiado temprano para aprender a dar. Muy rápidamente nos damos cuenta de lo afortunados que somos. Si por algún motivo no tenemos ropa vieja, nos fue mal con el cheque de fin de mes, o cualquier excusa que uno tenga para no contribuir materialmente, siempre podemos brindar apoyo usando nuestras manos. A veces, tan sólo estar presente en la vida de otro puede ser un milagro para él o la que lo necesite en ese momento. Hoy en día hay una plétora de organizaciones en nuestros barrios y más allá, que se dedican a fomentar comunidades dando apoyo de todo tipo. Si por algún motivo uno no puede encontrar algo, seguramente es que no ha buscado lo suficiente. Hasta en ese caso, siempre se puede empezar un proyecto para el bien social. Afuera de mi supermercado, se nota a menudo como los empleados botan los productos que ya no se consideran “frescos” pero realmente se podrían aún aprovechar. En vez de compartir esta comida con organizaciones que podrían beneficiarse para sus obras, camiones llevan este cargamento al basurero más lejano de la ciudad. Supongo que para hacer un buen negocio, es mejor deshacerse de algo echándolo al olvido que darlo al que realmente lo necesita. Cuando caí en cuenta de esto, me pareció alarmante, sobre todo cuando los bancos de comida para los pobres en la ciudad de Toronto están teniendo problemas de abastecimiento.

Al pasar de los años en el camino de la vida, nos volvemos más conservadores. En ese momento, estamos convencidos de la mala idea que es ayudar a los pobres porque se deben de ayudar ellos mismos. Todo lo que hemos logrado hasta la fecha fue con sangre, sudor y furia individual. “¡Nadie me ayudó!, proclama esa gente desde lo más alto del ego. No podemos caer en la tentación de la perspectiva limitada. Muchos comparten la idea piensan que al ayudar al prójimo, éste se sentará a aprovechar todos sus bienes que no le costaron nada para conseguirlos y  se echaraá a dormir en los laureles. Aunque en algunos casos esto puede ser verídico, no nos toca a nosotros decidir por los demás. Puede ser que algunos se conformen con una vida básica o perdieron ese fuego que alimenta la pasión, pero no todos sufren de flojera. Si le damos la oportunidad a alguien de mejorarse, volver a creer en sí mismo, puede ser un renacimiento muy provechoso para todos. No podemos pretender conocer la historia de otros y desconocer las probables desgracias que hayan pasado que no les facilita salir del abismo donde se encuentran. Siento mucho mencionar esto de nuevo, pero el mejor ejemplo es la madre Europa y el Euro. Todos debemos sufrir juntos para sacarlos de su juvenil irresponsabilidad que nos consume. De alguna manera hemos pasado por momentos similares en nuestras vidas, entonces no es difícil ponerse los zapatos, abrir la puerta hacia el mundo real y salir para ver cómo mejoramos nuestra comunidad.

Unos monos futbolistas para alivianar un poco el tema de este domingo

En el mundo industrializado, nos vienen a tocar la puerta para pedir ayuda a los niños de Kenya, donaciones para las víctimas de las inundaciones en Sri Lanka o comprar algún simio feroz de la jungla peruana en peligro de extinción. Muchas de estas agencias usan esos fondos para pagarles a sus empleados para que viajen a tierras lejanas y saquen fotos para el nuevo catálogo. ¿Cuánto realmente le dan a Pablo, ese pobre niño con los ojos llorosos y a su familia? Nunca pensamos en los problemas que tenemos a nuestro alrededor. Existen niños en nuestras comunidades que van al colegio diariamente sin medio frijol en el estómago. Tenemos alguno que otro vecino que perdió su trabajo y ahora se le considera inútil en nuestro mercado laboral por lo tanto hacemos todo lo posible para evitarlo. Hay gente que vive en la calle que pasamos sea caminando o en auto, mientras fingimos que buscamos las llaves de la casa, escuchando al mismo tiempo música con nuestro iPod nuevo. Siempre argumento que debemos hacernos cargo de tener la casa en orden antes de salir a arreglar los problemas de los demás. ¿Cómo podemos ser un ejemplo de una sociedad perfecta cuando mamá y papá se sacan los ojos por cualquier motivo, o se le olvidó a Juan sacar la basura? Todos podemos hacer una gran diferencia uno por uno.

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