Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 17 de julio de 2011

El Multiculturalismo: Formando El Mosaico Cultural


Desde el surgimiento del Canadá, aparecieron nuevas asociaciones fortalecidas por el deseo de crear una nueva entidad geopolítica. Los franceses y los ingleses, enemigos íntimos en sus ambiciones de expansión imperial, se sentaron entorno a la mesa de negociaciones de América del norte, con el propósito de establecer un marco gubernamental que incluiría como condición absoluta la tolerancia, permitiéndo a futuras generaciones celebrar la diversidad de cada uno. Desde temprana edad, me identificaba orgullosamente con este lazo irrompible entre nuestros dos pueblos fundadores, facilitado principalmente en atestiguar el buen funcionamiento de la relación entre mi padre británico y mi madre francesa. La diversidad corría por mis venas. Por otro lado, los ejemplos en cuanto a culturas nacionales presenciadas a lo largo de mi vida en Sud América promovían la homogeneidad. El proyecto de creación destinado a formar una identidad nacional consolidada, acaparaba adecuadamente elementos ideológicos que unían a su gente, creando un pueblo solidario. Estos países están compuestos de una riqueza de culturas regionales que son subdivisiones del patriotismo, entrañado en la mentalidad de sus pueblos una mentalidad arraigada. Los inmigrantes que arriban a estos países se ven obligados a pertenecer a este sello nacional, adoptando la cultura predominante y uniéndose al patrón uniforme. El Canadá estaba empezando a distanciarse de esta práctica cuando llegué al mundo. El proceso de asimilación fue provechoso bajo mi punto de vista al crecer en el extranjero, pues era más fácil entender la cultura e identidad, permitiéndo integrarme y crear al mismo tiempo, un enlace perpetuo con cada país.

El Primer Ministro Pierre E. Trudeau de Canadá de 1968 a 1979 y 1980 a 1984

El Canadá ha sido refugio para personas que están huyendo de su patria en tiempos de desasosiego en busca de un lugar seguro. Los numerosos grupos de inmigrantes contribuyeron a darle al país una nueva imagen gracias al desempeño de nuestros progenitores ingleses y franceses que conformaron esta confederación. No obstante, la fiesta dedicada a la celebración de la diversidad no fue considerada una gran prioridad si no hasta el siglo XX. Uno de los primeros promovedores preparando la escena para la inclusión cultural fue el Gobernador General, Lord Tweedsmuir, quién tuvo la oportunidad en el momento de su discurso inaugural en 1935, defendiendo la individualidad de grupos étnicos y el potencial para su contribución en mejorar nuestro carácter nacional. Él argumentó que los países más ricos eran los que contaban con una variedad de elementos raciales contribuyendo al fomento de una sociedad positiva. En los años 1970, el Primer Ministro ierre Elliott Trudeau, hombre carismático, y el gobierno federal apoyaron el multiculturalismo por la importancia social de la inmigración, formalmente reconociendo la necesidad del pluralismo. Declaró en 1971 que el Canadá adoptaría una política promoviendo esta proyección, el Acta Oficial del Multiculturalismo, reconociendo y respetando las diferencias del idioma, de la religión y las tradiciones inclusive, una contrapropuesta de la ideología predominante en los Estados Unidos del Crisol de Razas. Aunque esta idea del crisol fue informalmente aceptada en cuanto a los que venían a establecerse en el Gran Norte hasta los años 1960, dependía realmente de la persona si quería obedecer y prestar atención a esta recomendación o ignorarla. 

Durante mi infancia, ya contaba con amistades que desfilaban un carnaval de banderas junto con el respectivo patriotismo. Veía a mis alrededores la existencia de diferentes culturas, conociéndolas mejor por intercambios con mis amigos, sus cuentos de la madre patria, la gloriosa historia de su país y uno que otro estereotipo que a veces se basan en una realidad - por ejemplo, los canadienses son bien educados, los americanos saben disfrutar de un espectáculo o los franceses quienes aman el perfume. Lograba visualizar todo aspecto contribuyendo al sentimiento del orgullo nacional facilitando un sentimiento de pertenecer a una comunidad única y especial. Este grupo de personas unidas por ese fervor compone lo que es conocido como una nación. Esta palabra es sumamente importante para los politólogos y aquellos que poseen en sí mismos una llama eterna del nacionalismo. Un país ses delimita por fronteras geográficas observadas en un mapa pero dentro de ésta se pueden presenciar diferentes naciones, o mismo atravesando los límites fronterizos y cada uno de estos defendiendo sus intereses nacionales - esto es específicamente el caso en España, Gran Bretaña, Irlanda, Rusia, Suiza y varios otros países sin olvidar el Canadá. Yo cometí este error monumental poniendo el concepto de la nación y el país como sinónimos, haciendo de ellos la misma entidad basada en la psicología inclusiva y todopoderosa. Después de todo, todos siempre familiarizamos conceptos desconocidos con otros más conocidos hasta que las circunstancias del universo nos muestran la verdadera definición. A lo largo de mis tres años en Chile, observé un cultura bastante homogénea, un idioma común, una religión mayormente compartida y grupos minoritarios minúsculos comparado con mi país natal. Aunque los europeos, mapuches y mezclas de estas razas se conformaban a un proyecto de asimilación supremamente desarrollado por la idea de la Estrella Solitaria. El ejemplo venezolano en los otros tres años anteriores mostraban un caso monocultural similar, llevándome a pensar que estas realidades eran paralelas a las de mi patria. Si todos estábamos viviendo bajo la misma bandera, ya no venía al caso la provenencia de nuestros antepasados, pues formábamos la nación.

Ottawa se presentó en mi vida como una prueba ante el concepto de la uniformidad. Su área metropolitana es ahora la cuarta parte más grande del Canadá, con una población aproximada de 1,130,761 (aprox 2006) en la que 202,730 (casi 18 por ciento) son nacidos en otro país según el censo de 2006 recolectado por Statistics Canada. Aunque yo vivía en el paraíso suburbano de Hunt Club, un barrio tradicionalmente angloparlante que empezaba a cambiar su imagen. Los lugares donde frecuentemente andaba en mi barrio era por la zona de McCarthy Road y Paul Anka Drive, en puntos estratégicos tales como el local de videos, el supermercado A&P, la farmacia Shopper's Drugmart, una sucursal de Scotiabank y el centro comunitario. Éste era el centro de abastecimiento para nuestra base de operaciones. Esta gran medina demostraba una promesa para un nuevo mundo en un momento en el que nuestro planeta pasaba por grandes conflictos - algo que conocía muy bien después del Caracazo y el final de una dictadura. Todas estas personas dejaron de ser uno más en la marea de ciudadanos si no representantes de diferentes naciones conversando e intercambiando ideas. Sentía como si mi mundo de expatriados de repente creció de manera exponencial.  En Ottawa habían niños del Medio Oriente jugando con chicos de África del Este, pequeños negocios de Asia atendiendo las variedades de limitaciones de dietas, y mi favorita ¡La Revolución Shawarma! No importa donde la vida lo lleve a uno por la ciudad de Ottawa, siempre tendrá cerca algún pequeño restaurante libanés vendiendo shawarmas y otras delicias culinarias como kaftas y falafels. No presumo ser un experto de la cocina de esa región pero mis papilas jamás sufrieron alguna gran decepción al probar esa comida.

Culturas trabajdndo para un Canadá unido

En la gran parte de los centros urbanos canadienses, el multiculturalismo mostraba frutos positivos en los años 1990. Se abrió un portón inmenso hacia nuevos ejemplos de vida, valores, principios, tradiciones y comidas. Uno de los puntos más negativos para algunos inmigrantes fueron los obstáculos con los que se toparon en el mercado laboral, sobretodo por instituciones, juntas médicas y otras entidades regulatorias considerando estudios extranjeros no válidos ante sus contrapartes de estudios postsecundarios canadienses. Todo ese esfuerzo para obtener títulos prestigiosos dentro de su país de origen perdieron  valor para muchos de estos soñadores de un mundo de oportunidades, se encontraron sin posibilidades de ejercer su profesión como: abogados, dentistas, doctores, ingenieros o varios otros tipos de profesión. Las circunstancias veían estas potenciales fuentes de sabiduría en sequía, forzándolos a protagonizar un guión sin muchos retos. Además, ambos grupos de inmigrantes y canadienses consideraban que el bando negativo causado por el multiculturalismo era una contribución a la mentalidad de ghetto - cuando grupos de inmigrantes forman una comunidad basada en su cultura, aislándola del resto del mundo -, argumentando que los recién llegados tenían la tendencia de buscar aspectos de su cultura que dejaron atrás evitando el asociarse a los demás participantes en la sociedad. Mientras vivía en Ottawa, percibí que el canadiense era tolerante y dotado de paciencia, sobretodo cuando trataban con personas que no podían comunicarse en inglés. No obstante, yo entendía cómo alguna persona puede cerrarse al mundo cuando encuentra una barrera de comunicación. Los cambios lo hacen a uno buscar aspectos familiares. Cuando uno deja su patria para ir al extranjero se siente como si tuviese cada pie en un país y el otro. He vivido esto. Los cambios fueron desafiantes sobretodo por los múltiples choques culturales que suceden prácticamente de inmediato al encontrarse en un ambiente desconocido. No hay ninguna manera de poder estar totalmente preparado por anticipado, únicamente adoptar una mentalidad exageradamente positiva al enfrentarse ante la adversidad. Con el paso del tiempo desaparecerán las heridas y el significado de sentirse en casa, se redefine completamente.

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