Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 23 de octubre de 2011

Cusco, La Ciudad Imperial

Después de vivir un tiempo en Lima, los extranjeros normalmente cometen el grave error de pensar que todos los lugares de Perú son iguales. Y es todo lo  contrario. La capital Inca conocida como Cusco (o Qosqo en el idioma quechua)  reposa cómodamente en la hermosa cordillera de los Andes. Mi familia y yo, tuvimos el gran placer de visitar semejante tesoro nacional y Patrimonio de la Humanidad según lo decretó la UNESCO en julio de 1996. Esta ciudad se encuentra a nada más y nada menos 3,400 m de altitud y sí, se nota la falta de oxígeno inmediatamente. Antes de llegar, todo mundo le aconsejará de tomar las cosas lentamente y beber mate de coca. Esta infusión caliente facilita la transición a una mayor altura y forma parte de la cultura andina, ambos en la medicina tradicional y la religión. Algunos de los residentes en esa región también mascan las hojas en un precioso ritual prácticamente social. De hecho, la Coca-Cola que tanto conocemos en el mundo solía utilizar éstas como ingrediente clave, explicando la primera parte de este nombre compuesto. Para sobrevivir en forma eficaz este ambiente, se debe caminar lentamente, a paso de tortuga, desde que se abren las compuertas del avión y todo se despresuriza. No debe uno sentirse ridículo ante los demás pues ellos sí tienen costumbre de vivir en tal ambiente. No se haga el valiente. No mucha gente está adaptada para vivir a esa altura, seguramente explicando los 350,000 habitantes de la ciudad.

Brian, Maman y yo frente a la vista de la ciudad de Cusco

Al empezar el descenso hacia la pista de aterrizaje en el aeropuerto Velasco Astete, se puede ver un paisaje lleno de casas blancas con techos de cerámica preciosos, dando una agradable bienvenida al ver la arquitectura colonial. No se puede observar ningún rastro de construcciones modernas a lo lejos. La ciudad parecía estar congelada en el tiempo. Llegamos a reclamar nuestras maletas del carusel, encontramos nuestra nave reservada por el agente de viajes en Lima y partimos rumbo al corazón de la ciudad para instalarnos en el hotel. Creo que se llamaba La Posada del Inca. Su ubicación era ideal en el barrio de la Plaza de Armas, conocido como La Plaza del Guerrero en la epopeya incaica. Este lugar estratégico presenció la proclamación de la conquista orada por Francisco Pizarro y también donde uno de los grandes rebeldes indígenas del siglo XIX fue ejecutado. Los negocios establecidos en esa zona eran principalmente restaurantes deleitando a los turistas con platillos típicos del país incluyendo en sus menus el tradicional cuy (conejillo de indias) – una comida suculenta la cual sólo mi padre se aventuró a probar. Yo pedí mi lomo saltado que nunca en la vida me defraudó, algo que recomiendo altamente a mis hermanos carnívoros. Siguiendo con el tema culinario, ésta también es la capital mundial de la papa donde se cultiva una variedad de 2,000 especies. La probabilidad de recibir una serenata de un grupo de músicos armados de  zampoñas y otros instrumentos andinos tocando El Condor Pasa es increíblemente elevada. En la vereda techada rondeando la plaza, emprendedores e independientes lucían su variada artesanía, esperando venderlas a los turistas. Aquí compré una chompa de tela de alpaca que fue un fiel acompañante durante unos 10 años de mi vida. El parque principal en el centro mostraba una variedad de flora regional, deslumbrando con unas flores rosadas distinguidas.

Lo más curioso de esta plaza era la presencia de dos enormes centros religiosos católicos construidos por los españoles: la Iglesia de la Compañía (jesuita) y el Convento de Santo Domingo (dominicano). Normalmente en las plazas principales de ciudades españolas, sean establecidas o colonizadas, se encuentra un gran santuario religioso. Quizás los europeos sintieron un cierto remordimiendo por su “interacción” hacia los residentes precolombinos. Dentro de una de estas iglesias, un guía mencionó que los españoles habían construído sus estructuras por encima de los muros incas, probablemente intentando  imponer su supuesta supremacía. Además, estos edificios lucían conceptos arquitectónicos para soportar terremotos, lo que aprendieron en sus experiencias del viejo mundo. El problema entre los terremotos del mundo nuevo contra los del mundo viejo era que en Europa, la tierra se sacudía de arriba hacia abajo y en América , de lado a lado. El resultado de imponer esta sabiduría fue que en varias ocasiones, las construcciones españolas se derrumbaban, causando daños graves a la población. No sé evaluar realmente la validez de este comentario pues sólo he presenciado este fenómeno en el nuevo mundo. Los conquistadores y sus futuras generaciones lucharon para convertir a la gente de esta región a su religión y cultura pero el quechua se ha podido proteger de cierta forma hasta la fecha. Aún se notaba que la gente usaba su vestimenta tradicional, especialmente las mujeres con sus sombreros y colores resplandecientes. Al pasear por las calles de la ciudad, el idioma predominante sigue siendo el nativo y el castellano se usa con el turista. Los peruanos de otras regiones le dirán que el español de la sierra es inferior por falta de educación pero en realidad, si uno logra escuchar atentamente, es un castellano antigüo que no evolucionó al pasar de los años como sucedió en Lima. Obviamente, la costa sirvió como punto estratégico del virreinato donde embarcaban todas las riquezas extraídas rumbo a la Madre Patria y la Santa Iglesia de España, entonces su gente era más suceptible al cambio. El pueblo, de la sierra aislada por el terreno indomable, pudo protegerse junto con su identidad. La modernización parece haber postergado su llegada a esa zona.

Al día siguiente después de nuestra llegada – principalmente el primero es para aclimatizarse – nos recogieron temprano para hacer un tour de Cusco y la zona limítrofe. Nuestro guía era un laureado en turismo y arqueología portando el nombre de Boris. Un buen nombre quechua. Al observar las calles estrechas de la ciudad, descubriendo los secretos del pasado, tales como los restantes de construcciones incas sirviendo como bases para la posteridad española. Algunos de los residentes hablaban de la parte inferior de los muros como el de los incas y las partes superiores, las de los inca-paces. Después de un largo tiempo rebotando en la camioneta, llegamos por fin a una de las estructuras más importantes pre-colombinas al norte de Cusco: las ruinas de Sacsayhuamán – al parecer, la primera vez entendí como muchos otros turistas que se llamaban, las ruinas de Sexy Woman. Estas fortificaciones presentaban un gran ejemplo de las habilidades incas, pudiendo ver varias rocas pesando muchas toneladas posicionadas perfectamente con otras. Como cualquier persona, mismo miles de quechuas, pudieron colocar estas piezas monumentales una arriba de otra, era imposible de imaginar. Eran unos architectos impresionantes. Sus construcciones aguantaron el paso del tiempo y los fuertes temblores y todavía se erguían orgullosamente ante los visitantes y sus cámaras. Desde esta enorme fortaleza se puede observar la tranquila ciudad de Cusco en el valle. Una magnífica vista panorámica sobretodo junto a la tranquilizante melodía de El Condor Pasa como música de fondo. Este grandioso lugar dejaba varias interrogantes referente a su pasado, gracias en parte a los europeos que la destruyeron. Probablemente fue una ciudad albergando una gran cantidad de personas viendo que existía un sistema de laberintos que parecían calles, una posible sede para un templo destruído y una zona grande al aire libre haciéndose pasar por su propia Plaza de Armas, donde ahora se veían personas con vestimenta ceremonial bailando el reconocido tema de El Condor Pasa. Luego visitamos otras ruinas menores (en tamaño pero no importancia) y volvimos al hotel para recuperar energía para el día siguiente.


Maman y yo en las ruinas de Sacsayhuamán


Nuestro último día en Cusco fue dedicado en especial a la mega estructura precolombina llamada Ollantaytambo, ubicada al lado del Río Urubamba. Llegamos en una combi japonesa cargada de extranjeros de todas partes del planeta, viendo el sinnúmero de terrazas adornando las montañas. Todo esto parecía como salido de un cuento de hadas, particularmente al escuchar la divina melodía de El Condor Pasa. Como el terreno plano no era del todo abundante, los agricultores inventaron un sistema de terrazas para el cultivo donde el agua bajaría irrigando todos los niveles. Seguramente habían seguido estas tradiciones durante unos mil años. Al arribar al pueblo llevando el mismo nombre que la mega estructura, caminamos por un lugar que había sido un centro ceremonial creado bajo las órdenes el Emperador Pachacuti, quien anexó esta región al nombre de Imperio Inca. Las rocas eran gigantes y estaban perfectamente talladas, dejándonos a los observadores pensando, ¿qué sabía esta raza antigüa que nosotros no sabemos? Además de esto, las transportaron  por varios kilómetros hasta alcanzar su destino. ¿Cómo lo hicieron? ¡Qué gran misterio!. En nuestras casas y en la embajada en Lima, tuvimos varios trabajadores que no parecían estar dotados de esa facilidad que disponían los Incas. Al terminar este paseo, regresamos nuevamente al hotel porque al día siguiente, tomábamos el tren hacia Machu Picchu. No podía esperar para que llegara ese gran momento.

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