Un(a) niño(a) de tercera cultura (TCK / 3CK) o niño(a) trans-cultural es "una persona que, como menor de edad, pasó un período extenso viviendo entre una o mas culturas distintas a las suyas, así incorporando elementos de aquellas a su propia cultura de nacimiento, formando una tercera cultura."

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domingo, 9 de octubre de 2011

Un Otoño Incomodo: El Referéndum de Quebec


Durante el conflicto interno en el que intenté encontrar sentido dentro del va y ven de la vida limeña, mi propio país buscaba lidear con sus mismos acertijos. Ambos luchábamos contra nuestros demonios al exteriorizar una tranquilidad serena. Aun cuando siente uno que su mundo se derrumba sin poder hacer nada, es importante hacer como si estuviera en control de las cosas. Me recuerda a una camiseta genial que vi una vez en la calle anunciando a los demás peatones: “La llega de Dios está cerca. ¡Aparenta estar ocupado!” El mundo debía saber que tanto Canadá como William Bickford tenían sus vidas en orden y que estábamos listos para seguir trabajando como cualquier otro día. Al llegar el mes de octubre, me di cuenta que mi situación no era tan sería como lo pensaba cuando el rumor rondando mi entorno – principalmente entre los canadienses de la embajada y nuestros expatriados – se centraba en el tema de Quebec y la probabilidad de la separación. Estaba totalmente sorprendido sin poder entender como alguien podría querer desvincularse de la comunidad canadiense, pues ésta compartía una gran semejanza con una sociedad utópica gracias a mis experiencias y conocimientos. Se trataba de la tierra de la tolerancia y la diversidad. Cada uno gozaba la libertad de hacer lo que querían bajo nuestra bandera. Sin duda me sorprendió aún más cuando gente totalmente externa a este conflicto se acercaba, preguntándome detalles de lo que sucedía entre ambas culturas: los ingleses y Quebec. Empecé rápidamente a volverme experto en este tema a los 14 años.

Manifestación al estilo canadiense: ¡Te amamos Quebec!

El separatismo en Quebec ha seguido históricamente un patrón parecido al trayecto de una montaña rusa. Altibajos muy evidentes. Los altos, generalmente producidos por tiempos de incertidumbre económicos (ej: recesión de los años 1990), conflictos internacionales (ej: las grandes guerras en las que Quebec se oponía a la participación y la conscripción), malos manejos internos (ej: Quebec no siendo reconocido como una sociedad distinta o no ratificar nuestra constitución) o la involucración de agentes externos que no tienen lugar en asuntos internos (ej: discurso de Charles de Gaules llamando a los francófonos al “Viva el Quebec libre.”) Los bajos son más fáciles de identificar porque sólo se escucha un montón de nada. A mediados de los años 90, la máquina separatista perdía su fervor mientras que el Gobernador de la provincia y jefe del Parti Quebecois, Jacques Parizeau, lanzaba su campaña de independencia, un gran sueño de toda su carrera política. A nivel federal, contaba con el apoyo del líder Lucien Bouchard, que representaba no sólo el Bloc Quebecois en la Cámara de los Comunes si no la Real Oposición de su Majestad. Impresionante logro para un partido separatista de ser el segundo partido más representado en nuestro parlamento y sobretodo ese enlace importante con la monarquía. Antes del 30 de octubre, 1995, el día del referéndum, estos eran los que más destacaban en la voz del “” (a favor de la independencia). Previos plebiscitos fracasaron bajo los ojos de los soñadores nacionalistas y esta vez, estaban preparados para hacer lo que fuera para obtener el codiciado, sí. La realidad referente a las ramificaciones de una respuesta poco favorable al resto del país, al igual que la importancia de perder tan gran socio en cuanto a la economía, cultura e historia no eran obvias en su principio, mismo durante la última semana antes del voto. La gente de Quebec tenía el destino de todos en sus manos con respecto al concierto de las naciones.

El catalizador del movimiento independentista en Quebec fue mayormente durante la Revolución Silenciosa en 1960, donde las instituciones de esta provincia fueron revisadas nuevamente. La iglesia católica se vio obligada a cobrar cheques de desempleo al ser destronada por un nuevo servicio de funcionarios públicos sindicalizados rigiendo los sectores de salud y educación, al igual que nacionalizando la producción y distribución de energía dejando esta tarea también al sector público. Esta época también dio luz al Parti Quebecois, con su misión de separar el país, pero también a un grupo pequeño de Marxistas llevando ataques terroristas en nombre del Front de libération du Québec. El zénit de sus actividades se observó luego de la Crisis de Octubre en 1970 cuando James Cross, un diplomático británico y el ministro de trabajo de Quebec, Pierre Laporte, fueron secuestrados, muriendo éste último. Su cuerpo fue encontrado en el baúl de un automóvil estacionado en el aeropuerto de la ciudad de Quebec. En 1980, el primer referéndum – formulando una pregunta en paralelo a la soberanía política pero con cooperación económica –  quedó como una nota de un fracaso inmortalizado en los libros del pasado. El segundo en 1995 buscaba una independencia completa pero la pregunta que se le presentaba a los electores era más bien ambigua. Juzguen por ustedes mismos:

Está usted de acuerdo que Quebec debe volverse soberano después de habérsele presentado una propuesta oficial a Canadá para una sociedad económica y política dentro del alcance de la ley con respecto al futuro de Quebec y al acuerdo firmado el 12 de junio de 1995?

Corríjanme si no estoy en lo correcto, pero esta pregunta es tan clara como las aguas del Golfo de México después del derramamiento del petróleo de BP.  Algo que tal vez hubiera tenido más sentido en mi opinión era simplemente preguntar algo como: “¿Está de acuerdo que Quebec debe convertirse en una nación soberana y negociar nuevos tratados como nuevo jugador en la económica global?”  Algo que tengo claro es que lo anterior es todo o nada.  Cuando se decide adquirir un nuevo televisor, se compra ¿reparado y sin garantía?  Parizeau y su movimiento de gobierno con el Parti Quebecois en 1995 propusieron una nueva ley a la Asamblea Nacional de Quebec. Ésta proponía otorgarle a la Asamblea el poder para declarar soberanía de la provincia con el poder exclusivo de aprobar todas sus leyes, cobrar todos sus impuestos y ratificar todos sus tratados. Recibió una revisión inicial, sin embargo la versión final de la legislación dependía de los resultados del referéndum de 1995. Si ésta se hubiera convertido en ley después de ser aprobada por la Asamblea, hubiera servido como fundamento legal para el gobierno de Quebec para declararse como un país soberano. 

Del otro lado del voto, los actores Federalistas liderados por – según las palabras de mi querido Ahmad Rashad – mi amigazo, Jean Chrétien, Daniel Johnson, líder del Partido Liberal de Quebec, Jean Charest, líder del partido Conservador de Quebec y Brian Tobin, el entonces Ministro Federal de Océanos y Pescadería.  Al principio, parecía confuso que los Federalistas no estaban haciendo su tarea, aparentando no prestar la atención merecida a este asunto.  Recuerdo que algunas personas mencionaban que nuestro Primer Ministro se había ido a jugar golf antes del final del otoño y la llegada de la nieve.  El Gobierno Federal, ante la posibilidad de un voto positivo no diseñó un plan de contingencia. Algunos de los ministros del gabinete se habían reunido a discutir escenarios tales como apelar los resultados en la Corte Suprema.  Los funcionarios más experimentados consideraron el impacto del voto en asuntos como fronteras territoriales, deuda federal, el futuro de Chrétien y su legitimidad al ser elegido en una circunscripción electoral de Quebec; ¿Podría garantizar al Gobernador General que retendría el apoyo suficiente dentro de su partido para permanecer como Primer Ministro?  El Ministerio de Defensa hizo las preparaciones suficientes para incrementar la seguridad en algunas instituciones federales y ordenó que nuestras naves CF-18 salieran de Quebec, asegurándose de que no se utilizarían como un chantaje para futuras negociaciones.  Los pueblos aborígenes de Quebec también estaban del lado Federalista. Los jefes de las Primeras Naciones reclamaron que asociarse al Quebec independiente violaría la ley internacional, pues sus acuerdos estaban ratificados con el gobierno de Canadá.  El gran jefe Matthew Coon Come enfatizó que los derechos de auto determinación de los Cree eran válidos siempre y cuando sus territorios se mantuvieran bajo jurisdicción canadiense. 

El padrino del separatismo, Jacques Parizeau

El día que Quebec votó me trasnoché. Fue la primera vez en mi vida pre-adulta que mis padres me habían permitido permanecer despierto hasta la hora que quisiera. Después de todo, el futuro de mi país estaba en juego.  Esperaba que el voto negativo fuera mayoritario, siendo un fuerte defensor del idioma francés, habiendo asistido a la escuela francesa y teniendo fuertes vínculos con esta cultura. Yo creía en un Canadá fuerte junto con Quebec.  Como Jean había dicho en la Cámara de los Comunes, “Si no está Quebec, no hay Canadá”.  Fue una noche luchada al escuchar los resultados entrantes que permanecían alrededor del margen del 50% y oscilaban entre el “Sí” y el “No”. Nunca había estado tan nervioso, ni siquiera en un partido de fútbol de la Argentina. En el momento que los votos de Montreal, la región del Outaouais (justo al otro lado del río de Ottawa), las Primeras Naciones y las municipalidades del Este provinieron, era claro que los separatistas habían perdido. ¡Canta y no llores! Al final de la noche, la votación se mantuvo en un 50.58% (2.362.648 votos) a favor del NO y un 49.42% a favor del SÍ. ¡Qué noche tan increíble! Jacques Parizeau salió en primera plana, casi en lágrimas al reconocer su derrota, dio un discurso a los que lo apoyaban y presentó su carta de renuncia como Primer Ministro de Quebec.  En sus memorias dijo que si hubiera obtenido una votación del 50% + 1 hubiera negociado una separación pero que los inmigrantes, aborígenes y otros grupos minoritarios eran los culpables de la derrota. Me imagino que no valorábamos de la misma manera el multiculturalismo, la tolerancia y la diversidad. Yo estaba feliz de que Canadá se mantuviera intacta y que el dragón del separatismo volviera a su sueño profundo.

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